Tras 17 años de desafíos, esfuerzo y superación personal, Scott DeRue, director ejecutivo del Grupo IRONMAN, ha logrado uno de los hitos más impresionantes en el mundo del alpinismo: alcanzar la cima de la montaña más alta de cada uno de los siete continentes. Con su reciente ascenso a la Pirámide Carstensz (Puncak Jaya), el pico más alto de Australia, DeRue ha completado su búsqueda de las «Siete Cumbres», un logro que pocos escaladores pueden presumir de haber conseguido.
El viaje de DeRue comenzó en 2007 con la escalada del Kilimanjaro, la montaña más alta de África. Desde entonces, ha enfrentado algunos de los desafíos más extremos del planeta: el Aconcagua en Sudamérica (2010), el Denali en América del Norte (2011), el Monte Vinson en la Antártida (2019), el Monte Elbrus en Europa (2019) y, por supuesto, el Monte Everest, la cima más alta del mundo, que conquistó en 2013.
En una emotiva publicación en Instagram, DeRue compartió su gratitud hacia quienes lo acompañaron en esta travesía: «7 cumbres, 17 años, 60 miembros del equipo e innumerables recuerdos para toda la vida. Me siento verdaderamente bendecido». Destacó especialmente a su equipo de apoyo, guías y compañeros de escalada, quienes hicieron posible cada paso de esta «loca aventura», como él mismo la describe.
De las montañas al IRONMAN: un nuevo desafío
Con esta hazaña cumplida, DeRue ahora centrará su atención en su rol al frente del Grupo IRONMAN, donde se avecina una temporada intensa. El calendario profesional arrancará el 23 de marzo con IRONMAN 70.3 Geelong, y DeRue, quien lleva un año en el cargo, ya enfrenta un dilema significativo: la rotación del Campeonato Mundial IRONMAN entre su sede tradicional en Kona, Hawái, y Niza, Francia. Este tema ha generado un intenso debate entre los entusiastas del triatlón, y la decisión que tome DeRue podría marcar el futuro de uno de los eventos deportivos más icónicos del mundo.











