En triatlón de media y larga distancia, la conversación sobre el drafting en bicicleta vuelve una y otra vez al mismo punto: el reparto real del tiempo de carrera. En un IRONMAN completo —y también en 70.3 y T100— el segmento ciclista suele superar el 50 % del tiempo total, mientras que la natación rara vez pasa del 10 %. Con ese marco, algunos deportistas sostienen que el formato ya está, de por sí, inclinado hacia los ciclistas más fuertes.
Esa idea es el punto de partida del último episodio del podcast All in Triathlon, donde el vigente campeón del mundo IRONMAN 70.3, Jelle Geens, conversa con el olímpico australiano Aaron Royle. Dos perfiles que han competido en distintas distancias y bajo normativas de drafting de 12 m y 20 m, y que ponen sobre la mesa una pregunta incómoda: si la bici ya domina el reloj, ¿hasta qué punto las reglas terminan decidiendo el tipo de atleta que puede ganar?
La charla mezcla bromas y análisis. Se deslizan ocurrencias sobre formatos casi imposibles —una contrarreloj con 10 km de natación, 90 km de bicicleta y 34 km de carrera para igualar tiempos entre segmentos—, pero el núcleo del episodio está en el efecto competitivo del rebufo y en el peso específico de la bici dentro del guion de carrera.
Royle, ya retirado y reconocido por su nivel en el agua, abre con una postura clara: ampliar la distancia de drafting en bicicleta a 20 metros le parece “la forma más justa de avanzar”, aunque reconoce que a él, personalmente, no le habría favorecido. En su experiencia, el salto entre 12 m y 20 m puede ser enorme en ciertos recorridos, hasta el punto de cambiar por completo el desarrollo táctico del segmento.
CLAVES DEL DEBATE
- La bicicleta concentra la mayor parte del tiempo total en media y larga distancia.
- Cambiar de 12 m a 20 m modifica la dinámica del grupo y el coste energético.
- El rebufo existe también en natación y en carrera, pero recibe menos atención mediática.
Geens coincide en gran medida, pero introduce un matiz que apunta al corazón del asunto: el foco público se coloca casi siempre en la bicicleta, como si fuera el único espacio donde se “gana” o se “pierde” justicia deportiva. “Lo curioso es este énfasis en los 20 metros en la bici”, viene a plantear el belga, antes de poner ejemplos de otras formas de ahorro energético asumidas como parte del juego: nadar a los pies o a la cadera de otro atleta, o correr durante kilómetros a rueda —a distancia, midiendo— para buscar el adelantamiento en el tramo final.
En esa línea, Royle intenta cuantificar el beneficio de cada disciplina desde una perspectiva práctica. Según su lectura, el ahorro de “sentarse” en los pies de alguien durante la natación puede ser similar, en porcentaje de esfuerzo, al de ir a rueda en la bici. La diferencia, insiste, es que los ciclistas ya compiten con una zona de rebufo reglada y, además, lo hacen en el segmento que más minutos acumula.
“Los ciclistas tienen mucho a su favor: ya tienen una zona de rebufo y, con diferencia, la mayor proporción de tiempo [en la carrera]”.
— Aaron Royle, en All in Triathlon
El episodio también deja una frase que toca la definición misma del triatleta profesional. Royle apunta que si un atleta de élite tiene una natación tan débil que le impide “volver a carrera”, quizá el problema no esté únicamente en las reglas. El subtexto es evidente: el triatlón siempre ha premiado la capacidad de mantenerse en el partido desde el primer segmento, aunque el reloj reparta el peso de forma desigual.
El debate se vuelve aún más interesante cuando lo trasladan a formatos modernos como el de la PTO en distancia “T100”, donde el reparto aproximado de tiempos en cabeza puede situarse en torno a 25 minutos nadando, 50 minutos en bicicleta y una hora corriendo. En la lectura de Royle, esa proporción refuerza todavía más el poder relativo del ciclismo, especialmente si la normativa ciclista reduce la capacidad de “esconderse” y aumenta el coste de rodar en grupo.
La conversación no busca un veredicto definitivo, pero sí deja una conclusión clara: en media y larga distancia, la bicicleta no solo ocupa más minutos, también ocupa más discusión. Y ahí aparece la pregunta que sobrevuela cada ajuste reglamentario: si se cambia el coste del ciclismo —con 12 m o 20 m, con jueces más estrictos o recorridos más selectivos—, ¿se está corrigiendo una supuesta ventaja… o se está acentuando, todavía más, el segmento que ya domina el reloj?











