La Federación Española de Triatlón (FETRI) ha aprobado un nuevo marco regulador para la emisión de certificados que permiten a deportistas españoles competir en categoría PRO en pruebas internacionales de media y larga distancia organizadas por entidades como Ironman o Challenge Family. La medida, denominada “FETRI Long Distance Triathlon Elite Authorization”, busca fijar criterios claros y homogéneos para acreditar el nivel deportivo exigido por estos organizadores.
Sin embargo, la decisión ha generado un notable malestar entre las triatletas afectadas, no tanto por la existencia de criterios objetivos, sino por el momento elegido para su aplicación. La norma llega cuando buena parte de la temporada ya está planificada, con deportistas inscritas en pruebas PRO y con calendarios cerrados desde hace meses.
La FETRI no dispone de licencias profesionales como tal, sino de licencias federativas por categorías, siendo “élite” la más alta dentro de su estructura. En paralelo, los grandes organizadores internacionales exigen una acreditación PRO emitida por la federación nacional correspondiente. Hasta ahora, esta exigencia se resolvía mediante certificados individualizados basados en resultados deportivos previos.
Con el nuevo acuerdo entre la FETRI y los organizadores, se establecen criterios fijos y predefinidos para la emisión de estos certificados. El objetivo es ofrecer seguridad jurídica y un marco común. No obstante, la ausencia de un periodo transitorio ha convertido la norma en un elemento disruptivo para triatletas que ya estaban compitiendo o inscritas como PRO en circuitos internacionales.
Los criterios aprobados incluyen, entre otros, haber sido deportista olímpica en los dos últimos Juegos, haber participado recientemente en Series Mundiales, campeonatos internacionales convocados por la federación, alcanzar determinadas posiciones en campeonatos de España, rankings FETRI o clasificaciones internacionales de World Triathlon e Ironman.
En la práctica, esto deja fuera a triatletas que han desarrollado su carrera deportiva principalmente en circuitos privados internacionales y que, pese a competir regularmente en categoría PRO, no encajan en todos los baremos federativos establecidos. El resultado inmediato es la obligación de replantear calendarios, modificar objetivos deportivos o renunciar a competir en la categoría prevista.
En un deporte de media y larga distancia donde la planificación se realiza con muchos meses de antelación —viajes, inscripciones, preparación específica y recursos económicos—, la aplicación tardía de la norma supone un impacto directo sobre la carrera deportiva de las afectadas.
Aunque la FETRI subraya que el certificado no implica reconocimiento como deportista profesional ni como deportista de alto nivel (DAN), sí se convierte en un requisito imprescindible para competir como PRO en pruebas con acuerdos federativos. Una decisión estructural necesaria para el futuro, pero cuya implantación, sin margen de adaptación, traslada el coste del retraso directamente a las triatletas.
Triatletas profesionales como Marta Sánchez han alzado la voz sobre este tema.











