En los últimos días, Kristian Blummenfelt ha reactivado el debate fisiológico en los deportes de resistencia tras publicar un dato que, de confirmarse en términos comparativos, marcaría un nuevo punto de referencia: VO₂ máximo de 101 ml/kg/min medido en laboratorio. Para ponerlo en contexto, repasamos cifras citadas públicamente en otras disciplinas y la lectura que dejan: el VO₂ máximo importa, pero no lo explica todo.
Qué mide realmente el VO₂ máximo y por qué genera tanto ruido
El VO₂ máximo representa la tasa máxima a la que el organismo puede captar, transportar y utilizar oxígeno durante el ejercicio. Suele describirse como el “techo” aeróbico, una cifra muy útil para estimar el potencial fisiológico de un atleta. Sin embargo, su peso en el rendimiento cambia con la duración del esfuerzo: cuanto más larga es la prueba, más protagonismo ganan la eficiencia, la tolerancia a la fatiga y la capacidad de sostener intensidades altas durante mucho tiempo.
Por eso, un VO₂ máximo enorme amplía el margen fisiológico, pero no garantiza por sí solo el resultado. En larga distancia, la economía de movimiento, el combustible disponible, la hidratación y la resistencia mental y muscular suelen decidir tanto o más que ese “techo” aeróbico.
Dónde se sitúan los valores habituales
Adulto sano activo: alrededor de 40 ml/kg/min
Grupos de edad bien entrenados: 50–60 ml/kg/min
Élite de resistencia: habitualmente 70–80 ml/kg/min
Por encima de 90: poco frecuente incluso al máximo nivel
100 o más en laboratorio: prácticamente inaudito en registros públicos
Nota: rangos orientativos; hay un componente genético importante y diferencias fisiológicas entre sexos que suelen reducir el promedio en mujeres.
Comparación con otras estrellas de la resistencia
Los valores de VO₂ máximo que se citan públicamente en deportes de resistencia se agrupan en el extremo superior de la fisiología humana documentada. Durante años, el dato más repetido como referencia fue el del ciclista noruego Oskar Svendsen, con 97,5 ml/kg/min. También se ha mencionado al atleta noruego Espen Harald Bjerke en torno a 96.
| Atleta | Disciplina | VO₂ máx. citado (ml/kg/min) | Lectura rápida |
|---|---|---|---|
| Kristian Blummenfelt | Triatlón | 101 | Valor extremo; si es comparable, marca un nuevo límite |
| Oskar Svendsen | Ciclismo | 97,5 | Referencia recurrente durante años en datos públicos |
| Espen Harald Bjerke | Resistencia (citado) | ~96 | Otro ejemplo en el rango muy alto documentado |
| Greg LeMond | Ciclismo | 92,5 | Cifra histórica de élite en el ciclismo |
| Thibaut Pinot | Ciclismo WorldTour | ~85 | Rango muy alto, pero lejos del extremo 90+ |
| Chris Froome | Ciclismo WorldTour | 88,2 | Muy alto; ejemplo de potencia aeróbica en grandes vueltas |
| Tadej Pogačar | Ciclismo (estimado) | ~96 | Estimaciones lo sitúan cerca del extremo superior |
| Kilian Jornet | Ultrarresistencia | 92 | Otro caso en el rango 90+, poco habitual |
| Eliud Kipchoge | Maratón (estimado) | ~70 | Ejemplo de que la economía y la eficiencia pueden dominar el rendimiento |
Importante: algunos valores son reportados públicamente o estimados; metodologías y protocolos pueden variar entre laboratorios.
La clave del contexto: techo aeróbico vs rendimiento real
El contraste del maratón es especialmente útil. Aunque Eliud Kipchoge se sitúe lejos de los valores extremos que aparecen en otras disciplinas, su dominio se apoya en una economía de carrera excepcional y en la capacidad de sostener ritmos altísimos con un coste energético muy bajo. En triatlón de larga distancia ocurre algo parecido: además del “techo” aeróbico, cuentan la eficiencia en bici, la resistencia neuromuscular, el control del ritmo y la nutrición.
Aun así, un VO₂ máximo de tres dígitos es una señal contundente: coloca a Blummenfelt en el borde superior de la fisiología documentada y refuerza la idea de que, cuando se combina un techo tan alto con el resto de piezas del rendimiento, el resultado puede ser difícil de igualar.
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