Mikel Arrasate ha corrido el medio maratón del IRONMAN 70.3 Málaga en 1:09:09 y ni siquiera eso le ha permitido subir al podio. El actual campeón de Europa de media distancia ha terminado cuarto en su debut dentro de una prueba de la franquicia, a solo 32 segundos del tercer puesto y 2:58 del ganador, Félix Forissier.
El resultado es excelente por sí mismo, pero los parciales cuentan una historia bastante más interesante. Arrasate apenas perdió 16 segundos en una natación extraordinariamente compacta, hizo una bicicleta sólida y después protagonizó una de las mejores carreras a pie del día. Sin embargo, cuando empezó a correr, los hombres que se estaban jugando la victoria ya tenían una ventaja demasiado grande y, lo que es todavía más importante, ellos tampoco iban precisamente despacio.
Ahí está probablemente la gran lectura de Málaga. En nuestras carreras podemos imaginar que un gran corredor solucionará después una bicicleta simplemente correcta. En una prueba profesional internacional, cuando delante hay deportistas capaces de bajarse a correr cerca de 3:20/km, cada minuto que dejamos antes de T2 empieza a resultar extraordinariamente caro.
Mikel Arrasate en su debut IRONMAN 70.3.
su parcial en el medio maratón.
lo que le separó finalmente del podio.
Una natación en la que 16 segundos significaron quince posiciones
Los 1.900 metros disputados dentro del Puerto de Málaga dejaron una de esas situaciones que explican por qué mirar únicamente las diferencias de tiempo puede ser engañoso. La cabeza salió prácticamente junta y Mikel era 15º a apenas 16 segundos del primero. Una natación que, expresada únicamente en tiempo perdido, podríamos considerar prácticamente perfecta.
Algo más adelante estaba Vicente Hernández Cabrera, el conocido Chente Hernández, que salió sexto y a unos seis segundos de la cabeza. El tinerfeño, olímpico en Río 2016 y recientemente segundo en la Copa de Europa disputada en Tenerife, volvió a demostrar una de sus grandes fortalezas: estar desde el primer momento colocado con los hombres de delante.
Entre Chente y Mikel apenas había unos diez segundos, pero también nueve posiciones. Eso importa especialmente en una salida profesional muy numerosa porque el comienzo del ciclismo no se desarrolla en un vacío. Hay referencias, deportistas a los que alcanzar, otros que intentan abrir diferencias y una dinámica de carrera que empieza inmediatamente después de montarse en la bicicleta.
No estamos diciendo que salir decimoquinto condenase a Arrasate ni que esos diez segundos respecto a Chente explicasen el resultado final. Lo interesante es entender que, cuanto mayor es el nivel, menos margen existe para conceder pequeñas posiciones en cada disciplina. La diferencia temporal puede parecer insignificante mientras la diferencia competitiva empieza a acumularse.
Un escenario poco habitual: nadar 1.900 metros dentro del Puerto de Málaga
Tampoco fue la típica postal de un 70.3 con una playa abierta y una larga línea de salida frente al Mediterráneo. El recorrido estaba trazado dentro del Puerto de Málaga, con salida y llegada alrededor de Muelle Uno y una única vuelta de 1,9 kilómetros. Cualquiera que haya estado en Málaga sabe que no es el lugar ideal para una natación con aguas cristalinas y menos en días de lluvia
Eso ofrecía precisamente una de las ventajas buscadas por la organización: aguas mucho más protegidas que una salida directamente desde el mar abierto. No hay base para hablar de mala calidad del agua y no tendría sentido hacerlo simplemente porque visualmente un puerto resulte menos apetecible que una cala. Sí podemos decir que era un escenario eminentemente urbano y funcional, bastante diferente de la imagen tradicional que muchos tenemos de una natación en triatlón.
Mikel y Chente vuelven a encontrarse sobre la bicicleta
El patrón continuó durante los 90 kilómetros de ciclismo. Mikel y Vicente rodaron buena parte del segmento en posiciones cercanas y, según el seguimiento de IRONMAN, llegaron a encontrarse alrededor del noveno y undécimo puesto en la parte final de la bicicleta, separados nuevamente por muy poco tiempo.
La situación delante era diferente. Los hombres que acabarían luchando por la victoria habían ido construyendo una ventaja que llegó a superar los cuatro minutos respecto a esta zona de carrera. En un 70.3 aficionado puede parecer un margen perfectamente recuperable para alguien que corre muchísimo. En una prueba profesional con cerca de 60 hombres inscritos, la cuenta empieza a ser mucho más complicada.
El circuito ayudaba además a que los especialistas pudieran mantener ritmos elevados. Eran 90 kilómetros prácticamente llanos siguiendo la costa malagueña, en una única vuelta y con muy poco desnivel comparado con otros recorridos de media distancia. No lo definiríamos como una bicicleta completamente carente de técnica —siguen existiendo giros, rotondas, incorporaciones y circulación por carreteras urbanas—, pero sí como un trazado fundamentalmente rápido y de ritmo, donde resulta difícil recuperar varios minutos mediante la escalada o aprovechar grandes diferencias técnicas.
Y además llovió
La meteorología añadió un elemento inesperado. Málaga había pasado una noche complicada por las lluvias, con numerosas incidencias en la provincia, y durante el sector ciclista los profesionales encontraron también asfalto mojado y episodios de lluvia.
Dentro de lo malo, probablemente el recorrido elegido era uno de los menos problemáticos para enfrentarse a esas condiciones: fundamentalmente llano y sin grandes descensos técnicos en los que el agua pudiera multiplicar mucho más el riesgo. Eso no significa que pedalear a velocidades de competición durante 90 kilómetros sobre asfalto mojado sea sencillo, pero sí que el perfil de Málaga evitaba algunos de los problemas que habría planteado un circuito con puertos y descensos largos.
Cuando Mikel empieza a correr, comienza la remontada
Y entonces llegó la especialidad en la que Arrasate podía empezar a cambiar realmente su carrera. Desde los primeros kilómetros se veía en el tracker que estaba recortando diferencias y adelantando posiciones. No era una sorpresa: correr fuerte después de la bicicleta se está convirtiendo precisamente en una de sus principales armas.
El problema era que esta vez la cabeza estaba demasiado lejos.
Mikel completó los 21,1 kilómetros en 1:09:09, aproximadamente a 3:17/km de media. Es un parcial que en prácticamente cualquier 70.3 serviría para recuperar una cantidad enorme de posiciones. Y las recuperó. El vasco terminó cuarto.
Pero Félix Forissier, que acabaría ganando, también corrió aproximadamente en torno a 1h10 y media. Mikel pudo arañarle algo más de un minuto durante todo el medio maratón, lo que equivale únicamente a unos pocos segundos por kilómetro. Si antes de empezar a correr la diferencia se mide en varios minutos, no queda suficiente carretera para recuperarla.
Ésta es probablemente la gran lección de Málaga: correr 1:09 es extraordinario, pero cuando el hombre al que persigues también puede correr cerca de 1:10 después de nadar 1.900 metros y pedalear 90 kilómetros, necesitas llegar a T2 muy cerca de él.
Los segundos por kilómetro parecen muchos hasta que haces las cuentas
El fenómeno es bastante fácil de visualizar. Supongamos que un atleta está cuatro minutos por detrás al comenzar la media maratón y consigue correr cinco segundos por kilómetro más rápido que el líder. En 21,1 kilómetros recuperaría aproximadamente un minuto y 45 segundos. Seguiría llegando a meta con más de dos minutos perdidos.
Para recuperar cuatro minutos necesitaríamos correr alrededor de 11 o 12 segundos por kilómetro más rápido durante toda la media maratón. A nivel profesional eso significa que, si delante están corriendo a 3:20/km, habría que moverse durante 21 kilómetros en torno a 3:08-3:09/km. Después de 90 kilómetros de bicicleta.
Existen triatletas capaces de hacerlo en determinados días, pero construir una estrategia alrededor de esperar una diferencia semejante entre atletas de máximo nivel sería poco realista. La carrera a pie sigue siendo decisiva, pero cada vez resulta más difícil utilizarla para reparar completamente lo sucedido durante las dos primeras disciplinas.
Forissier gana por seis segundos; Mikel se queda a 32 del podio
La lucha por la victoria fue muchísimo más ajustada de lo que indica la diferencia con Arrasate. Félix Forissier cruzó la meta en 3:40:46 y Ben Faeh llegó únicamente seis segundos después. Janne Böttel completó el podio en 3:43:12 y Mikel apareció apenas 32 segundos más tarde.
| Puesto | Triatleta | Tiempo |
|---|---|---|
| 1 | Félix Forissier | 3:40:46 |
| 2 | Ben Faeh | 3:40:52 |
| 3 | Janne Böttel | 3:43:12 |
| 4 | Mikel Arrasate | 3:43:44 |
| 5 | Finn Große-Freese | 3:45:32 |
| 6 | Emil Holm | 3:46:02 |
| 7 | Vicente Hernández | 3:47:09 |
Chente completa así otro resultado interesante apenas una semana después de ser segundo en la Copa de Europa de Tenerife. El tinerfeño salió delante, estuvo durante toda la bicicleta cerca de Arrasate y acabó séptimo en 3:47:09, confirmando además que su regreso a las carreras cortas no le impide seguir siendo competitivo en media distancia.
Mikel eligió Málaga cuando podía estar disputando el Campeonato de España
Hay otra historia detrás del cuarto puesto. Mikel Arrasate figuraba inicialmente entre los inscritos del Campeonato de España de larga distancia que se celebraba este mismo fin de semana en Doñana, pero finalmente decidió competir en Málaga.
No era simplemente un participante más que hubiera cambiado de carrera. Cuando en Trigloberos preguntamos a varios de los protagonistas de Doñana por sus favoritos, Mikel aparecía repetidamente entre los candidatos al título. Pello Osoro llegó a señalarnos que, si finalmente competía, para él sería el principal favorito. Jaime Izquierdo también nos explicó que inicialmente había pensado en Arrasate como ganador antes de conocer su cambio de planes.
La pregunta era inevitable: ¿merecía la pena renunciar a una posibilidad real de disputar un Campeonato de España para estrenarse en IRONMAN 70.3?
El contrafactual no tiene respuesta. No sabemos qué habría hecho Mikel en Doñana y sería injusto con Diego Méntrida, Pello Osoro y quienes realmente compitieron allí convertir una hipótesis en un resultado. El Campeonato se disputó y lo ganó Méntrida.
Lo que sí podemos valorar es lo que Arrasate obtuvo a cambio. Se enfrentó en su primera carrera dentro de la franquicia a una lista profesional de casi 60 hombres, terminó cuarto, se quedó a 32 segundos del podio y comprobó que puede correr a menos de tres minutos del ganador de un 70.3 internacional de mucho nivel.
Y todo ello con 22 años y apenas tres meses después de proclamarse campeón de Europa élite de media distancia en Banyoles.
¿Le mereció la pena? Si solo medimos medallas, cambió una opción de disputar un título nacional por un cuarto puesto. Si medimos nivel internacional, aprendizaje, visibilidad y la posibilidad de comprobar dónde está realmente respecto a un campo profesional de casi 60 hombres, Málaga parece una apuesta bastante fácil de defender.
También hay una diferencia en cómo se puede seguir una carrera
La coincidencia con el Campeonato de España deja además una comparación incómoda pero inevitable. En Málaga hemos podido seguir posiciones, diferencias y evolución de los atletas mediante el tracker de IRONMAN casi de forma continua. Los propios pantallazos permiten reconstruir cómo Mikel pasa de 15º en el agua a acercarse al Top 10 sobre la bicicleta y terminar cuarto después de su remontada corriendo.
Un día antes, al intentar contar el Campeonato de España de larga distancia de Doñana, nos encontrábamos con una situación muy diferente: sin retransmisión y con muchas más dificultades para saber qué estaba sucediendo entre los diferentes puntos de cronometraje.
No hace falta convertir esto en una guerra de marcas. Simplemente demuestra que el seguimiento también forma parte del producto deportivo. Para aficionados, patrocinadores, medios y para los propios deportistas existe una diferencia enorme entre poder ver cómo evoluciona una carrera y conocer únicamente la clasificación cuando termina.
La verdadera noticia quizá no sea que acabara cuarto
Mikel Arrasate tiene todavía 22 años, acaba de ganar un Europeo de media distancia y en su primera aparición en IRONMAN 70.3 ha terminado cuarto frente a una parrilla internacional enorme. Es suficiente para construir una noticia convencional.
Pero probablemente la carrera de Málaga nos haya dejado algo más interesante. Arrasate nadó a 16 segundos del primero y eso le situó decimoquinto. Hizo una bicicleta competitiva y, aun así, llegó a la parte decisiva con varios minutos perdidos respecto a la cabeza. Después corrió 1:09:09, uno de esos parciales que parecen capaces de solucionarlo todo.
No pudo.
No porque Mikel corriese poco, sino porque los demás también corren muchísimo.
Y ésa es quizá la diferencia más grande cuando pasamos de competir bien en media distancia a intentar ganar internacionalmente: ya no basta con tener una disciplina extraordinaria. Hay que llegar a ella sin haber dejado prácticamente nada antes.
En Málaga, Mikel Arrasate se quedó a 32 segundos de su primer podio IRONMAN 70.3.
Pero quizá se haya llevado algo todavía más útil: saber exactamente dónde están esos 32 segundos.











