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Portada » ¿Las superzapatillas también pueden cambiar dónde te lesionas?

¿Las superzapatillas también pueden cambiar dónde te lesionas?

Por Redacción
14 de octubre de 2026
¿Las superzapatillas también pueden cambiar dónde te lesionas?
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Durante años hemos hablado de las superzapatillas casi exclusivamente en términos de rendimiento: cuánto mejoran la economía de carrera, cuántos segundos pueden ahorrar y qué modelo lleva el ganador de la última maratón. La siguiente pregunta empieza a ser bastante más incómoda. Si una zapatilla modifica suficientemente nuestra forma de correr como para hacernos más eficientes, ¿puede también modificar la manera en la que cargamos nuestros huesos, articulaciones y tendones?

Un nuevo estudio publicado en 2026 en la revista PM&R ha intentado acercarse precisamente a esa cuestión. Los investigadores compararon a 23 corredores de élite utilizando tres tipos de zapatilla y corriendo a tres intensidades diferentes, mientras medían variables biomecánicas que trabajos anteriores habían relacionado con las lesiones por estrés óseo.

La conclusión fácil sería escribir que “las zapatillas de carbono aumentan el riesgo de lesión”. El problema es que el estudio no demuestra eso. Ni siquiera midió cuántos corredores se lesionaban. Lo que encontró fueron pequeños cambios en la forma de correr y en determinadas cargas, algunos potencialmente desfavorables para unas estructuras y otros que podrían descargar tejidos diferentes.

La cuestión interesante no parece ser si las superzapatillas hacen que el cuerpo reciba simplemente más o menos carga. Puede que lo realmente importante sea dónde colocan esa carga.

23 corredores de élite, tres zapatillas y tres ritmos

El trabajo de Michelle Bruneau y colaboradores incluyó a 23 corredores de fondo sanos y de nivel élite, 11 mujeres y 12 hombres, con una edad media de 25,4 años. Cada participante corrió con tres tipos de calzado en un orden aleatorizado: una zapatilla neutra convencional, una zapatilla con espuma reactiva y una zapatilla de tecnología avanzada —AFT— con placa de fibra de carbono.

Además, no probaron las zapatillas a una única velocidad. Cada corredor completó los test a tres intensidades elegidas de forma individual: ritmo de entrenamiento, ritmo tempo y ritmo aproximado de una carrera de 5 kilómetros. Esto es relevante porque la biomecánica cambia con la velocidad y una zapatilla puede no comportarse igual durante un rodaje fácil que corriendo cerca del máximo.

Participantes 23 corredores élite
Muestra 11 mujeres y 12 hombres
Calzado Neutra, espuma reactiva y AFT con placa
Intensidades Entrenamiento, tempo y ritmo 5K

Los investigadores analizaron variables que estudios anteriores habían asociado con lesiones por estrés óseo: movimiento y velocidad de eversión del retropié, fuerza vertical contra el suelo, momento de flexión plantar del tobillo, desplazamiento vertical del centro de masas, cadencia y tiempo relativo de apoyo.

Es importante entender esa frase: midieron variables asociadas previamente con lesiones, no lesiones reales provocadas por las zapatillas. Esa diferencia condiciona todo lo que podemos concluir después.

Con las superzapatillas bajó la cadencia

Uno de los resultados más claros apareció en la frecuencia de paso. Los corredores utilizaron una cadencia ligeramente menor con las AFT que con la zapatilla neutra y que con la zapatilla de espuma reactiva. Una menor frecuencia de paso implica normalmente que, a una determinada velocidad, cada zancada cubre algo más de distancia.

Eso resulta interesante porque trabajos prospectivos anteriores han relacionado una menor cadencia con un mayor riesgo de lesión por estrés óseo en corredores. Pero nuevamente hay que evitar el salto lógico: que dos variables estén relacionadas en otro estudio no permite afirmar que una reducción pequeña de cadencia provocada por una superzapatilla vaya a generar una fractura por estrés.

El cambio detectado fue pequeño. La hipótesis de los autores es que lo importante podría estar en la acumulación de miles y miles de zancadas, especialmente si el deportista utiliza esta tecnología no solo para competir o hacer sesiones específicas, sino durante una parte importante de su volumen semanal.

También cambió el movimiento del retropié, pero aquí aparece un detalle importante

La excursión de eversión del retropié —simplificando mucho, cuánto se desplaza el talón hacia una posición de eversión durante el apoyo— fue mayor tanto con las AFT como con la zapatilla de espuma reactiva que con la zapatilla neutra.

Esto es especialmente interesante porque el cambio no apareció exclusivamente con la zapatilla de carbono. La espuma reactiva también modificó esta variable, lo que debería hacernos ser muy prudentes antes de señalar a la placa como responsable de cualquier diferencia.

Además, cuando los investigadores analizaron la velocidad de esa eversión, el mayor valor apareció con la zapatilla de espuma reactiva frente a las otras dos condiciones. Es decir, los resultados no forman una historia sencilla en la que todas las variables empeoren progresivamente al añadir una placa de carbono.

Este punto es fundamental: una “superzapatilla” no es únicamente una placa. Es la combinación de espuma de alta resiliencia, geometría, altura de mediasuela, rigidez longitudinal, rocker, peso y elemento rígido. Atribuir cualquier cambio biomecánico exclusivamente al carbono sería simplificar demasiado.

Y hubo una variable que fue justamente en la dirección contraria

El momento de flexión plantar del tobillo fue mayor con la zapatilla neutra que con la zapatilla de espuma reactiva y que con la AFT. Dicho de una manera más comprensible, el sistema tobillo-pantorrilla tuvo que afrontar una demanda mecánica diferente —y en esta variable superior— con el calzado convencional.

Este resultado ayuda a desmontar la idea de que las zapatillas modernas simplemente aumentan todas las cargas. En realidad, la literatura empieza a dibujar algo mucho más complejo: determinadas tecnologías pueden descargar unas estructuras y trasladar parte del trabajo hacia otras.

Una revisión de 2026 sobre el conocimiento actual de las AFT plantea precisamente esa posibilidad. La evidencia disponible sugiere que podrían reducir determinadas cargas en la tibia y posiblemente sobre el tendón de Aquiles, mientras que otras configuraciones podrían aumentar las demandas sobre huesos del metatarso y del tarso.

No cambió todo

Hay otro resultado que normalmente desaparecería de un titular alarmista y que merece aparecer. Los investigadores no encontraron diferencias significativas entre zapatillas en la fuerza vertical contra el suelo, el desplazamiento vertical del centro de masas ni el duty factor, una medida relacionada con la proporción de tiempo que el corredor permanece apoyado durante cada ciclo.

Por tanto, no estamos ante una transformación completa de la mecánica del corredor. Estamos ante pequeñas modificaciones de determinadas variables dentro de un sistema extraordinariamente complejo.

VariableQué encontró el estudioQué NO significa
CadenciaMenor con AFT que con espuma reactiva y zapatilla neutra.No demuestra que esa reducción provoque una lesión.
Eversión del retropiéMayor con espuma reactiva y AFT que con zapatilla neutra.No permite responsabilizar exclusivamente a la placa.
Velocidad de eversiónMayor con la zapatilla de espuma reactiva que con neutra y AFT.No todas las variables fueron peores con carbono.
Momento de flexión plantarMayor con zapatilla neutra que con espuma reactiva y AFT.La tecnología avanzada no aumenta todas las demandas mecánicas.
Fuerza verticalSin diferencias significativas entre tipos de zapatilla.Una mediasuela alta no produjo automáticamente mayor fuerza vertical.

Entonces, ¿las superzapatillas lesionan?

No tenemos evidencia suficiente para afirmarlo. Y probablemente sea la frase más importante de este artículo.

En 2023 un grupo de especialistas publicó una pequeña serie de cinco casos de corredores competitivos que habían sufrido lesiones por estrés del hueso navicular mientras utilizaban zapatillas con placa de carbono. El trabajo generó bastante atención porque planteaba por primera vez una posible relación clínica entre el nuevo calzado y un tipo concreto de lesión, pero cinco casos no permiten establecer causalidad.

Más tarde, un consenso internacional sobre lesiones por estrés óseo volvió a evaluar la cuestión. El panel de expertos no alcanzó acuerdo para considerar que las zapatillas con tecnología avanzada aumentaran el riesgo de lesión por estrés óseo, y por tanto no recomendó ningún tipo concreto de calzado como estrategia para modificar ese riesgo.

Lo que sí consideraron razonable fue tener precaución cuando se producen cambios importantes de zapatilla. El cuerpo se adapta a las cargas que recibe y un cambio brusco de geometría, rigidez o comportamiento mecánico introduce un estímulo diferente, independientemente de que el calzado lleve carbono, sea minimalista o simplemente sea muy distinto al que hemos utilizado durante años.

Lo que sabemos en 2026

Las superzapatillas mejoran el rendimiento. La evidencia sobre economía de carrera es sólida y las revisiones actuales sitúan aproximadamente en un 2-4% la mejora metabólica media, con traducciones alrededor del 1-3% en rendimiento dependiendo del corredor y de las condiciones.

También modifican la biomecánica. Eso no debería sorprendernos: precisamente funcionan porque cambian cómo interactúan pie, zapatilla y suelo.

No está demostrado que provoquen más lesiones. Los datos clínicos siguen siendo escasos y existe mucha variabilidad entre corredores.

Es posible que redistribuyan el tipo de carga. Una estructura puede recibir menos estrés mientras otra recibe más. Esta es probablemente la cuestión más interesante que deberá resolver la investigación durante los próximos años.

La conversación cambia cuando dejamos de utilizarlas solo para competir

Las primeras superzapatillas tenían una función bastante clara: se entrenaba con zapatillas convencionales y se reservaban las caras, ligeras y rápidas para las competiciones y alguna sesión específica. Ese límite se ha ido difuminando. Cada vez existen más “supertrainers”, modelos con espumas similares a las de competición, placas de diferentes materiales y grandes alturas de mediasuela pensados expresamente para acumular entrenamiento.

El propio estudio parte de esa realidad: los autores señalan que la tecnología AFT ya se utiliza tanto en competición como en entrenamiento. La pregunta deja entonces de ser qué ocurre durante los 42 kilómetros de un maratón y pasa a ser qué ocurre después de centenares o miles de kilómetros utilizando siempre una mecánica ligeramente diferente.

Ese escenario es precisamente el que todavía no conocemos bien. Un experimento biomecánico puede detectar cómo cambia una zancada en el laboratorio, pero para conocer el riesgo real necesitamos estudios que sigan durante meses a muchos corredores, registren exposición al calzado, carga de entrenamiento, lesiones y factores individuales.

¿Una zapatilla que te hace correr más fácil puede estar cargando más un hueso?

Sí, al menos conceptualmente. La economía de carrera y el estrés mecánico sobre un tejido concreto no son la misma variable. Podemos necesitar menos oxígeno para mantener una velocidad mientras determinados huesos, tendones o articulaciones reciben una distribución diferente de las fuerzas.

Esta distinción resulta importante porque la sensación subjetiva también puede engañarnos. Una superzapatilla con mucha espuma reactiva puede sentirse extremadamente cómoda, reducir el daño muscular percibido e incluso permitir terminar una sesión con menos dolor de piernas. Eso no significa necesariamente que todas las estructuras pasivas hayan recibido menos estímulo.

Las revisiones recientes sugieren incluso que las AFT pueden reducir dolor muscular e inflamación después de correr, algo que potencialmente permite entrenar más y con mayor calidad. Ese beneficio es atractivo, pero introduce otra pregunta: si podemos acumular más volumen porque muscularmente nos sentimos mejor, ¿están adaptándose al mismo ritmo nuestros huesos y otras estructuras?

Por ahora no conocemos la respuesta.

El corredor popular tiene otro problema: cambia demasiadas cosas a la vez

En un profesional, la introducción de un nuevo modelo suele estar controlada dentro de una planificación. En el popular es bastante habitual estrenar las superzapatillas justo cuando empieza el bloque específico, aumenta los kilómetros y aparecen las series más rápidas. Si entonces aparece una molestia, resulta prácticamente imposible saber qué variable tuvo más peso.

En nuestro artículo sobre cuántos días conviene correr para mejorar sin lesionarse insistíamos precisamente en que la tolerancia al impacto y la capacidad de recuperación importan tanto como la sesión concreta. Una zapatilla diferente no elimina esa ecuación.

Por eso una aplicación sensata del nuevo trabajo sería evitar introducir simultáneamente más volumen, más intensidad y un calzado radicalmente diferente. Si queremos probar una superzapatilla nueva, hacerlo progresivamente nos permite adaptar la mecánica y, sobre todo, detectar cómo responde nuestro cuerpo.

No necesitas hacer todos los rodajes con placa porque tengas unas

Esto tampoco significa que exista evidencia suficiente para prescribir una rotación concreta de zapatillas ni que entrenar diariamente con carbono vaya a terminar necesariamente en lesión. Simplemente no tenemos datos que demuestren que utilizar AFT para todo sea mejor desde el punto de vista de la salud musculoesquelética.

Para muchos corredores puede seguir teniendo sentido mantener una zapatilla convencional y conocida para buena parte del volumen fácil y utilizar modelos más reactivos cuando aportan una ventaja clara: sesiones específicas, ritmos altos o competición. En nuestra reciente review de la HOKA Clifton 11 hablábamos precisamente de la utilidad de una zapatilla sencilla de entrenamiento que no necesita placa para cumplir perfectamente su función.

Más importante que establecer una regla universal es observar la respuesta individual. Hay corredores que toleran perfectamente las AFT durante grandes volúmenes y otros que notan sobrecargas en cuanto modifican determinadas geometrías. La respuesta biomecánica y también el beneficio de rendimiento muestran una variabilidad considerable entre personas.

Especial atención si aparece dolor localizado en el pie

Las lesiones por estrés óseo no suelen empezar como una fractura repentina. El proceso puede comenzar con una sobrecarga ósea que progresa si el estímulo continúa superando la capacidad de reparación. Un dolor cada vez más localizado, que aparece corriendo y progresivamente comienza a sentirse antes o incluso durante actividades cotidianas, merece atención.

El navicular y los metatarsianos resultan especialmente interesantes dentro de la discusión sobre superzapatillas porque son precisamente algunas de las estructuras sobre las que la literatura ha planteado posibles cambios de carga. Eso no significa que cualquier molestia en el pie sea consecuencia del carbono, pero tampoco conviene atribuir automáticamente todo dolor nuevo a “adaptarse a la zapatilla”.

Además, el calzado nunca actúa de forma aislada. Disponibilidad energética, densidad mineral ósea, historial previo de lesión, volumen, intensidad, recuperación, superficie y biomecánica individual forman parte del riesgo de lesión por estrés óseo. Buscar un único culpable resulta tentador, pero casi siempre simplifica demasiado el problema.

Qué tan sólido es este nuevo estudio

El trabajo tiene varios puntos interesantes. Utiliza corredores de nivel élite, incluye hombres y mujeres, compara tres tipos de calzado y prueba cada condición a tres velocidades diferentes. Además, el orden de las zapatillas fue aleatorizado y los investigadores eligieron variables basándose en trabajos previos sobre lesiones por estrés óseo.

Pero las limitaciones son igualmente importantes. Solo participaron 23 corredores y el diseño es transversal: observamos su biomecánica durante una sesión, no qué les ocurre después de seis meses entrenando con cada zapatilla. Tampoco podemos traducir automáticamente un pequeño cambio de una variable biomecánica en un porcentaje concreto de riesgo de lesión.

Hay además una cuestión especialmente relevante: el estudio compara tipos completos de zapatillas. Una AFT no se diferencia de una neutra exclusivamente porque tenga una lámina de carbono; también cambian espuma, geometría, rigidez, altura y diseño. Por tanto, sería incorrecto presentar estos resultados como el efecto aislado de “la placa”.

Fiabilidad: estudio biomecánico bien planteado para detectar diferencias inmediatas entre tipos de calzado, pero pequeño y sin seguimiento de lesiones. Es útil para generar una señal y formular hipótesis; no sirve para calcular cuánto aumenta o disminuye el riesgo real de lesionarse utilizando superzapatillas.

Entonces, ¿qué consideraríamos aplicar?

La primera decisión sería no cambiar nada de forma radical. No existe evidencia para recomendar abandonar las superzapatillas y sus beneficios sobre economía y rendimiento están mucho mejor establecidos que cualquier posible aumento del riesgo de lesión.

Sí parece razonable introducir los modelos nuevos progresivamente, especialmente cuando la geometría o la altura de mediasuela son muy distintas a nuestro calzado habitual. También evitaríamos estrenar simultáneamente zapatillas, incremento de kilometraje y un nuevo bloque de intensidad, porque si aparecen molestias no sabremos qué ha cambiado realmente.

Para un corredor popular que actualmente realiza prácticamente todos sus entrenamientos con modelos de placa, mantener variedad de estímulos puede ser una opción sensata, aunque hoy no podamos afirmar que rotar calzado prevenga específicamente las lesiones por estrés óseo. Y si una determinada zapatilla genera repetidamente dolor localizado, la respuesta no debería ser seguir corriendo hasta “adaptarse”.

Por encima de todo, este estudio recuerda algo que también explicábamos al hablar del apoyo del pie y la biomecánica de carrera: pequeñas modificaciones en nuestra interacción con el suelo pueden cambiar cómo se distribuyen las fuerzas sin que necesariamente seamos conscientes de ello.

Quizá la pregunta estaba mal planteada

Durante años hemos preguntado si las superzapatillas protegen más porque tienen mucha espuma o si lesionan más porque incorporan una placa rígida. El nuevo estudio sugiere que ambas preguntas pueden ser demasiado simples.

Una AFT puede reducir determinadas demandas en el tobillo, modificar ligeramente la cadencia y cambiar el movimiento del retropié. Otra zapatilla de espuma reactiva puede producir algunos de esos mismos cambios sin llevar una placa de carbono. Y dos corredores diferentes pueden responder de manera distinta al mismo modelo.

La ventaja de rendimiento de las superzapatillas ya no está demasiado en discusión. Lo que todavía estamos empezando a comprender es cómo se reparte mecánicamente el precio de conseguirla y qué ocurre cuando dejamos de utilizar esa tecnología únicamente el día de carrera para convertirla en nuestro calzado de entrenamiento habitual.

Quizá las superzapatillas no hagan simplemente que nos lesionemos más o menos. Puede que cambien qué tejidos reciben la factura. Y demostrar si esa redistribución acaba teniendo consecuencias clínicas será una de las preguntas interesantes que tendrá que resolver la ciencia del running durante los próximos años.

Tags: AFTBiomecánicaEntrenamientoestrés óseolesionesrunningsuperzapatillaszapatillas de carbono
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