Durante años hemos asociado una cadencia elevada con una mejor técnica de carrera. Pero cuando investigadores españoles compararon a 52 corredores de élite con otros 52 recreativos, encontraron algo inesperado: a las mismas velocidades, ni la frecuencia de paso ni la longitud de zancada mostraron diferencias globales estadísticamente significativas. Lo que distinguía a los élite estaba en otros aspectos de su relación con el suelo. Y eso cambia bastante la forma en la que deberíamos interpretar los datos de nuestros relojes.
Una de las preguntas habituales de cualquier corredor popular es qué hace diferente la técnica de quienes compiten al máximo nivel. ¿Dan más pasos por minuto? ¿Alargan más la zancada? ¿Pasan menos tiempo apoyados? ¿Corren de metatarsos?
La respuesta no es tan sencilla como parece. Un atleta que corre un 10K a 3:10/km tendrá normalmente una mecánica diferente a la de alguien que rueda a 5:30/km, pero comparar directamente a ambos no permite saber cuánto corresponde a su nivel deportivo y cuánto a la enorme diferencia de velocidad.
Para intentar resolver parte de ese problema, investigadores de la Universidad San Jorge, en Zaragoza, junto con la Universidad de Innsbruck, han publicado un estudio en Scandinavian Journal of Medicine & Science in Sports que analiza la biomecánica de corredores de distintos niveles a velocidades idénticas.
El trabajo, publicado online el 21 de octubre de 2026, examinó 23 variables biomecánicas mediante sensores RunScribe. Encontró diferencias significativas entre grupos en 12 de ellas, pero no precisamente en las dos que suelen protagonizar las conversaciones sobre técnica de carrera: cadencia y longitud de paso.
104 corredores, 23 variables y una comparación mucho más interesante
El equipo de investigación, encabezado por C. Mayo-Nieto, reunió inicialmente a 172 participantes. Después del proceso de selección, emparejamiento y control de calidad, la muestra principal quedó formada por 104 corredores: 52 de élite y 52 recreativos.
Para pertenecer al grupo de élite, los hombres debían haber conseguido una marca en 10 kilómetros inferior a 33 minutos durante los doce meses anteriores. En el caso de las mujeres, el límite era de 36 minutos.
Los recreativos tampoco eran personas sedentarias. Debían correr al menos tres días por semana, superar los 25 kilómetros semanales y no tener antecedentes de competición de alto nivel.
Los investigadores emparejaron a los participantes por sexo y buscaron la mayor similitud posible en edad, altura y masa corporal. El objetivo era reducir la influencia de las diferencias antropométricas en los resultados.
El emparejamiento no eliminó completamente esas diferencias: los élite seguían siendo, de media, algo más jóvenes y ligeros. Por ello, los análisis estadísticos también tuvieron en cuenta los desequilibrios residuales.
corredores analizados
variables biomecánicas
velocidades de carrera
Todos corrieron en una cinta Woodway, con inclinación del 0 %, a velocidades comprendidas entre 10 y 15 km/h, equivalentes a ritmos de 6:00 a 4:00 min/km.
Después de un calentamiento de seis minutos, completaron seis etapas de un minuto, aumentando progresivamente la velocidad. Los primeros treinta segundos de cada etapa se utilizaron como adaptación y los datos de los últimos treinta segundos sirvieron para el análisis.
Los sensores RunScribe, colocados en los cordones de ambas zapatillas, registraron variables espaciotemporales, fuerzas y rigidez estimadas, impacto, comportamiento del pie y movimiento vertical.
Los participantes utilizaron sus zapatillas habituales, pero no se permitieron modelos minimalistas ni con placa de fibra de carbono, para evitar interferencias mecánicas relacionadas con esos diseños.
La decisión metodológica más importante fue hacer correr a los dos grupos a las mismas velocidades. De esa manera, la comparación no dependía simplemente de que los élite fueran más rápidos.
La sorpresa: los élite no mostraron una cadencia globalmente mayor
La cadencia es una de las métricas más populares entre los corredores. Prácticamente cualquier reloj deportivo puede mostrar cuántos pasos damos por minuto y, desde hace años, la cifra de 180 se utiliza con frecuencia como referencia de una supuesta técnica eficiente.
Pero cuando los investigadores compararon los dos grupos a las mismas velocidades, no encontraron una diferencia global estadísticamente significativa en la frecuencia de paso.
Tampoco la encontraron en la longitud de paso, es decir, la distancia entre contactos consecutivos de pies alternos.
Esto no significa que los participantes tuvieran exactamente los mismos valores, ni demuestra que ambos grupos sean biomecánicamente equivalentes. Significa que, con este diseño y estos datos, no apareció una diferencia global suficientemente sólida para considerarla estadísticamente significativa.
Y resulta especialmente interesante porque rompe una interpretación bastante extendida: que un corredor es técnicamente mejor simplemente porque su reloj muestra una cadencia superior.
En Trigloberos ya habíamos tratado esta cuestión al analizar hasta qué punto podemos interpretar pequeños cambios de cadencia registrados por nuestros dispositivos.
La nueva investigación añade otra perspectiva. No se trata solamente de saber si el reloj mide bien los pasos por minuto, sino de comprender si esa cifra permite distinguir a los corredores por su nivel deportivo.
En esta muestra, a las velocidades estudiadas, la cadencia aislada no fue una de las características que diferenciaron globalmente a los dos grupos.
Cuando aumentaron la velocidad, los populares necesitaron incrementar más la cadencia
Que no existiera una diferencia global significativa no significa que ambos grupos respondieran igual a los cambios de velocidad.
Los investigadores encontraron una interacción significativa entre grupo y velocidad para la frecuencia de paso. Dicho de manera sencilla: la cadencia aumentó en ambos grupos al correr más rápido, pero no lo hizo al mismo ritmo.
Al pasar de 10 a 15 km/h, los corredores recreativos aumentaron su frecuencia aproximadamente 12,4 pasos por minuto, frente a 8,7 pasos por minuto en los élite.
¿Cuánto aumentó la cadencia al pasar de 10 a 15 km/h?
Variación media aproximada de frecuencia de paso observada en cada grupo.
Elaboración de Trigloberos a partir de Mayo-Nieto y colaboradores (2026). La gráfica representa cuánto cambió la cadencia en cada grupo, no sus valores absolutos de pasos por minuto.
Una interpretación propuesta por los autores es que los corredores de élite parecen depender proporcionalmente menos de aumentar la cadencia y más de otros mecanismos de la zancada, entre ellos la fase aérea, cuando incrementan la velocidad.
Pero hay que introducir un matiz fundamental: correr a 15 km/h no supone el mismo esfuerzo para un atleta capaz de completar un 10K por debajo de 33 minutos que para un popular que habitualmente entrena a ritmos más lentos.
Por tanto, no sabemos cuánto de esta diferencia está relacionado con adaptaciones biomecánicas propias de los corredores de alto nivel y cuánto con las distintas exigencias fisiológicas que supone una misma velocidad.
Los investigadores reconocen expresamente esta limitación y proponen estudiar qué ocurre cuando ambos grupos corren a intensidades fisiológicas relativas equivalentes.
Entonces, ¿qué diferencia realmente la zancada de los corredores de élite?
De las 23 variables analizadas, doce mostraron diferencias globales significativas entre los grupos después de aplicar una corrección estadística para las múltiples comparaciones.
El patrón más consistente apareció en el reparto del tiempo de cada paso y en determinadas medidas mecánicas estimadas por los sensores.
| Variable | Resultado en élite | Interpretación |
|---|---|---|
| Cadencia | Sin diferencia global significativa | No fue una característica diferencial por sí sola. |
| Longitud de paso | Sin diferencia global significativa | Los élite no dieron pasos significativamente más largos en el análisis global. |
| Tiempo de contacto | Menor | Permanecieron menos tiempo apoyados en el suelo. |
| Tiempo y proporción de vuelo | Mayores | Una parte superior del ciclo transcurrió sin contacto con el suelo. |
| Patrón inicial de apoyo | Más anterior | Mostraron mayor tendencia a contactar con zonas más adelantadas del pie. |
| Rigidez de pierna estimada | Mayor | El modelo mecánico describió una interacción más rígida con el suelo. |
| Tasa de aplicación de fuerza vertical estimada | Mayor | La fuerza vertical estimada aumentó más rápidamente durante el apoyo. |
| Oscilación vertical | Sin diferencia global significativa | Los élite no mostraron necesariamente mayor ni menor oscilación vertical global. |
Menos tiempo en contacto con el suelo
Esta fue una de las diferencias más consistentes.
Los corredores de élite permanecían menos tiempo apoyados durante cada paso. En el modelo estadístico, la diferencia ajustada de tiempo de contacto se situó alrededor de 14 milisegundos menos para el grupo élite en la velocidad de referencia del análisis.
Puede parecer una diferencia pequeña, pero al multiplicarse por miles de pasos describe una organización distinta del ciclo de carrera.
El dato complementario es que los élite presentaron un mayor tiempo de vuelo y, especialmente, una mayor proporción del ciclo sin contacto con el suelo.
No significa que debamos intentar levantar los pies deliberadamente o saltar más. Describe cómo se repartía el tiempo de cada paso entre los corredores estudiados.
Una pierna mecánicamente más rígida
Los sensores también estimaron una mayor rigidez de pierna en los corredores de élite.
En biomecánica, esta rigidez no significa que el corredor mantenga las articulaciones bloqueadas. Se refiere al comportamiento mecánico del sistema formado por pierna, músculos y tendones cuando soporta y devuelve fuerzas durante el apoyo.
Los autores interpretan el conjunto de resultados como compatible con una interacción más elástica y rígida con el suelo, similar a la que describe el modelo mecánico de masa y resorte.
Es una hipótesis fisiológicamente plausible, pero el estudio no midió directamente el almacenamiento ni la devolución de energía de los tendones. Tampoco evaluó la arquitectura muscular o el coste metabólico individual.
Por tanto, no podemos afirmar que una mayor rigidez estimada sea la causa de que esos atletas corran más rápido.
Un apoyo inicial más anterior
Otra diferencia significativa fue la posición del pie al contactar con el suelo.
Los élite tendieron a utilizar un patrón de apoyo más anterior. Sin embargo, el resultado no significa que todos los corredores rápidos deban correr de antepié ni que el contacto de talón sea incorrecto.
Modificar deliberadamente el apoyo cambia la distribución de las cargas entre diferentes estructuras musculares y tendinosas.
Un patrón que aparece con más frecuencia en un grupo de alto rendimiento no se convierte automáticamente en una técnica recomendable para el resto.
De hecho, el propio estudio observó una mayor tasa de aplicación de fuerza vertical estimada entre los élite, pese a su apoyo más anterior. Esto recuerda que no podemos deducir todo el comportamiento de las fuerzas únicamente mirando qué parte del pie toca primero el suelo.
Más tiempo de vuelo no significa necesariamente rebotar más
Uno de los detalles más interesantes de los resultados es que, pese a tener mayor proporción de vuelo, los corredores de élite no presentaron una diferencia global significativa en la oscilación vertical registrada.
Es decir, pasar relativamente más tiempo en el aire no equivale necesariamente a que el cuerpo se desplace más centímetros hacia arriba y hacia abajo.
Los autores plantean que los élite podrían distribuir de manera distinta el movimiento vertical dentro del ciclo de zancada, combinando menor tiempo de contacto, diferentes características de rigidez y mayor fase aérea.
Sin embargo, esa explicación todavía necesita investigación adicional y medidas más directas del comportamiento del centro de masas y del sistema musculotendinoso.
Esto enlaza con nuestro artículo sobre qué nos dicen realmente la cadencia, la oscilación vertical y el ratio vertical sobre las cargas en Aquiles y rodilla.
En ambos trabajos aparece la misma advertencia: una métrica puede contener información biomecánica interesante sin permitirnos clasificar automáticamente una técnica como buena o mala.
¿Significa que deberíamos intentar correr como los élite?
Aquí aparece la diferencia entre describir una característica y demostrar que modificarla mejora el rendimiento.
El estudio de Mayo-Nieto y sus colaboradores describe cómo corrían dos grupos con niveles deportivos muy diferentes. No incluye una intervención destinada a cambiar la técnica de los corredores populares.
Tampoco siguió a los participantes para observar si quienes tenían determinadas características biomecánicas mejoraban más, sufrían menos lesiones o desarrollaban una economía de carrera superior.
Por tanto, no permite afirmar que debamos reducir voluntariamente nuestro tiempo de contacto, aterrizar más adelante o aumentar la rigidez de pierna.
Incluso podría suceder que algunas de las características observadas sean consecuencia de años de entrenamiento, de adaptaciones musculotendinosas o de diferencias fisiológicas que no se analizaron.
Describir cómo corre un atleta de élite no demuestra que copiar su biomecánica convierta a un corredor popular en mejor corredor.
La cuestión es especialmente relevante en un momento en el que nuestros relojes, footpods y aplicaciones pueden presentar numerosas métricas con colores, puntuaciones y clasificaciones.
Que un corredor tenga menor tiempo de contacto no significa necesariamente que otro deba intentar reducir el suyo a cualquier precio.
Y que un élite presente mayor rigidez de pierna tampoco significa que esa sea una adaptación que podamos buscar directamente mediante instrucciones técnicas durante un rodaje.
Solidez y limitaciones: ¿es un paper fiable?
El trabajo tiene varios puntos fuertes que merece la pena destacar.
Su muestra de 104 corredores es relativamente amplia para una comparación biomecánica de estas características. El diseño por parejas emparejadas reduce algunas diferencias antropométricas y todos los participantes fueron evaluados a velocidades estandarizadas.
Además, los investigadores no se limitaron a una o dos métricas. Analizaron 23 variables de cinco ámbitos y utilizaron modelos estadísticos que consideraban las mediciones repetidas y aplicaban una corrección por comparaciones múltiples.
Esto último importa porque, cuando se comprueban muchas relaciones estadísticas, aumenta la posibilidad de encontrar diferencias significativas por azar.
Pero el estudio también presenta limitaciones importantes.
1. Los sensores no midieron directamente todas las fuerzas
RunScribe utiliza unidades de medida inercial colocadas en el calzado. Algunas variables espaciotemporales cuentan con evidencia de validación razonable, pero las medidas de fuerza, impacto y rigidez dependen de estimaciones cuyo grado de validez no es uniforme.
No estamos ante una cinta instrumentada con plataformas de fuerza que mida directamente todas las fuerzas de reacción del suelo.
Por ello, los resultados sobre rigidez y tasa de aplicación de fuerza deben interpretarse como estimaciones del dispositivo.
2. La misma velocidad representaba esfuerzos distintos
Esta es probablemente la limitación más importante para interpretar el contraste entre élite y recreativos.
Un ritmo de 4:00/km puede representar un esfuerzo moderado para alguien que corre un 10K por debajo de 33 minutos, mientras que para otro participante puede estar cerca de una intensidad muy exigente.
Los investigadores controlaron la velocidad absoluta, pero no igualaron el esfuerzo fisiológico relativo.
Parte de las diferencias biomecánicas podría relacionarse con esa distinta exigencia, y no exclusivamente con el nivel de experiencia o rendimiento.
3. Fueron pruebas breves en cinta
Las mediciones procedían de etapas de un minuto, utilizando los últimos treinta segundos de cada velocidad.
Eso permite describir la biomecánica durante esfuerzos controlados, pero no reproduce necesariamente lo que ocurre tras cuarenta minutos de carrera, durante el tramo final de un maratón o cuando aparece una fatiga considerable.
Además, las velocidades estudiadas no superaron los 15 km/h. Las conclusiones no deben extrapolarse automáticamente a los ritmos de competición propios de los atletas de élite.
4. El número de parejas disminuyó a velocidades más altas
La investigación comenzó con 52 parejas evaluables a 10 km/h, pero en la etapa de 15 km/h quedaron 45.
La reducción de participantes y el control de valores atípicos introducen otra limitación cuando interpretamos las diferencias más pequeñas.
5. El grupo femenino fue reducido
De las 52 parejas, 41 eran masculinas y solamente 11 femeninas.
En el análisis exploratorio separado por sexo, ninguna variable del grupo femenino mantuvo significación tras la corrección estadística, pese a que muchas tendencias apuntaban en la misma dirección.
Esto no demuestra que las corredoras de élite y populares tengan la misma biomecánica. La muestra femenina era demasiado pequeña para extraer conclusiones sólidas de ese análisis.
6. El diseño no permite establecer causas
El estudio es transversal: compara grupos en un momento determinado. No puede demostrar si las diferencias biomecánicas precedieron al alto rendimiento, aparecieron como consecuencia del entrenamiento o están relacionadas con otras características no evaluadas.
Tampoco se recogieron datos suficientes sobre carga de entrenamiento para equilibrar esa variable entre grupos.
Valoración de Trigloberos: es un estudio observacional bien planteado para describir diferencias biomecánicas entre corredores de distintos niveles. Su diseño y análisis aportan solidez a las comparaciones, pero no permiten convertir esas diferencias en recomendaciones técnicas universales ni demostrar mecanismos causales.
Qué podemos aprovechar realmente los entrenadores y corredores populares
La aplicación más útil de este trabajo no consiste en perseguir las cifras de los élite, sino en entender que una técnica de carrera no puede evaluarse mediante una sola variable.
Cadencia, longitud de paso, tiempo de contacto, proporción de vuelo y movimiento vertical describen partes de un mismo sistema. Su interpretación depende de la velocidad, las características físicas y el contexto del corredor.
Hay algunas conclusiones prácticas que sí podemos aprovechar.
Si analizamos la evolución de nuestras dinámicas de carrera, conviene comparar sesiones realizadas a ritmos parecidos y, cuando sea posible, con condiciones y material similares.
Un cambio de tiempo de contacto puede ser interesante, pero adquiere más sentido cuando lo relacionamos con la velocidad, la cadencia, el vuelo y la respuesta individual.
El estudio señala el porcentaje del ciclo que transcurre en contacto con el suelo como una posible variable de seguimiento. Todavía necesita más validación para convertirlo en una herramienta de intervención individual.
Estos resultados no justifican modificar deliberadamente nuestro apoyo, reducir el tiempo de contacto o aumentar la rigidez de pierna para imitar los valores de otro corredor.
Hay una última cuestión que también debemos tener presente: una diferencia medida no siempre representa una adaptación importante.
En Trigloberos ya explicamos por qué una variación en las dinámicas de carrera puede deberse simplemente a la velocidad a la que estamos corriendo. Y este estudio vuelve a demostrar la importancia de ese contexto.
Que hoy corramos con 175 pasos por minuto y otro día con 168 no significa necesariamente que la segunda sesión sea técnicamente peor. Del mismo modo, bajar unos milisegundos el tiempo de apoyo no demuestra por sí solo que hayamos mejorado la economía de carrera.
Como entrenadores podemos utilizar estos datos para observar tendencias, detectar cambios y formular preguntas. Pero antes de intervenir necesitamos entender qué está ocurriendo y si realmente existe un problema que merezca la pena corregir.
La verdadera firma biomecánica del élite no estaba en dar más pasos
El estudio español deja una conclusión especialmente interesante: cuando se comparan corredores de élite y recreativos a las mismas velocidades, las diferencias no tienen por qué aparecer en las variables más conocidas.
La cadencia y la longitud de paso no mostraron diferencias globales significativas. En cambio, los élite presentaron un menor tiempo de contacto, una mayor proporción de vuelo y valores superiores en determinadas estimaciones de rigidez y aplicación de fuerza.
Es una descripción biomecánica valiosa, aunque todavía no conozcamos exactamente qué parte de ese patrón explica el rendimiento, cuál es consecuencia del entrenamiento y cuál está relacionada con otras características individuales.
La investigación abre nuevas preguntas sobre el comportamiento del sistema músculo-tendinoso, la economía de carrera y la forma en la que los atletas adaptan su técnica cuando aumenta la velocidad.
Pero también cuestiona la facilidad con la que solemos convertir una métrica del reloj en una sentencia sobre nuestra técnica.
Quizá deberíamos dejar de preguntarnos si nuestra cadencia se parece a la de un corredor de élite y empezar a preguntarnos algo más útil: cómo se relaciona nuestra mecánica con la velocidad, la fatiga y el rendimiento que somos capaces de sostener.
Porque dos corredores pueden dar prácticamente los mismos pasos por minuto y, aun así, interactuar con el suelo de maneras muy diferentes.
Y descubrir cómo corre alguien extraordinariamente rápido no significa haber descubierto qué debemos cambiar nosotros para correr más rápido.
Estudio original: Mayo-Nieto C. y colaboradores (2026). The Biomechanical Signature of Elite Distance Running: A Matched Pairs Analysis Across Multiple Speeds. Scandinavian Journal of Medicine & Science in Sports, 36(11), e70385. Publicado online el 21 de octubre de 2026. Consultar el artículo completo en acceso abierto.











