El triatlón madrileño está herido, pero no muerto
Aranjuez debería ser una buena noticia para nuestro calendario. Y lo es. Pero un Campeonato de Madrid no puede llegar envuelto en una comunicación pobre, una guía confusa y esa sensación tan peligrosa de “con esto vale”.
Cada vez que aparece una prueba nueva en Madrid nos alegramos. Bastante tocado está ya el triatlón madrileño como para no celebrar que el calendario sume una cita más. Pero precisamente porque nos importa, también hay que decir cuando las cosas no están a la altura.
El triatlón en Madrid está herido, aunque no muerto. No está muerto porque siguen estando los deportistas, los clubes, los entrenadores, las familias, los que madrugan para entrenar, los que se federan, los que compiten fuera y los que todavía miran el calendario con cierta fe, esperando que aparezca una prueba en casa que merezca la pena.
Por eso, cuando se anuncia un triatlón olímpico en Aranjuez, la primera reacción debería ser sencilla: alegría. Aranjuez es una ciudad preciosa, con historia, con jardines, con río y con ese punto de peregrinación ciclista que muchos madrileños conocemos bien. Un lugar al que vas con la bici el fin de semana o con la familia a pasear cuando quieres recordar que Madrid también tiene rincones amables.
Desaparecido el media distancia, que la Federación Madrileña de Triatlón acoja y organice allí un Campeonato de Madrid de Triatlón Olímpico debería ser una noticia redonda.
Hasta ahí, todo perfecto.
El problema llega cuando empiezas a mirar los detalles. Y los detalles, en una prueba, no son decoración: son confianza.
Un Campeonato de Madrid debería tener algo de injundia
No estamos hablando de una quedada entre cuatro amigos con un cono, dos voluntarios y un Excel abierto en el portátil. Estamos hablando de un Campeonato de Madrid. Eso debería significar algo.
Debería tener una comunicación clara, una imagen cuidada, una información útil y una sensación mínima de que aquello está pensado para el deportista. No hace falta montar la web del Tour de Francia, ni sacar un documental de ocho capítulos, ni poner drones sobrevolando el Tajo al amanecer.
Pero sí hace falta algo más que una ficha de inscripción, una landing page genérica de RockTheSport y una guía que parece enviada antes de cerrar el ordenador.
Que haya un triatlón olímpico en Aranjuez es positivo. La crítica no va contra la prueba, sino contra la manera de presentarla, comunicarla y cuidar al deportista antes de que llegue a boxes.
El Triatlón de Aranjuez no tiene una web propia como prueba. Tiene una landing page dentro de RockTheSport, que sirve para lo que sirve: apuntarse, pagar y consultar cuatro datos básicos. Pero una landing de inscripción no es una web de carrera. No te cuenta la prueba, no te la hace atractiva, no te resuelve de verdad las dudas, no te enseña bien los circuitos, no transmite cariño y, sobre todo, no construye confianza.
Y en una prueba nueva, o recuperada bajo otro formato, la confianza importa. Mucho.
Aranjuez lo tenía todo para venderse casi solo
Aranjuez no es un polígono perdido al que hay que buscarle épica con un PowerPoint. Aranjuez tiene entidad propia. Tiene nombre, tiene entorno, tiene atractivo y tiene potencial para que el triatleta madrileño piense: “oye, pues esto puede estar bien”.
Pero para que eso ocurra, alguien tiene que contar la prueba.
¿Dónde se nada?
No basta con poner una imagen pequeña. El deportista quiere entender la salida, el recorrido, la corriente siendo un río y cualquier particularidad de la natación.
¿Cómo es la bici?
Si hay giros de 180 grados, tramos estrechos, zonas compartidas o puntos críticos, hay que explicarlo con claridad. Y si hay desnivel, también. Un mapa legible es de agradecer.
¿Dónde corre la gente?
Un circuito a pie no debería parecer un jeroglífico. Menos aún cuando hablamos de un Campeonato de Madrid.
¿Por qué apuntarse?
Esta es la gran pregunta. Una prueba no solo se abre en calendario: también se presenta, se explica y se hace apetecible.
Son preguntas normales. No son caprichos de viejo gruñón, aunque algunos estemos ya peligrosamente cerca de la categoría.
El email que no esperaba nadie
Esta mañana me he levantado con un correo presentando el manual del atleta del Triatlón de Aranjuez. Por un momento he pensado que lo mismo me había inscrito y no lo recordaba, cosa que tampoco sería completamente descartable a ciertas edades y con ciertas agendas.
Pero no. Pregunto en el chat del club y resulta que le ha llegado a más gente. Gente que, hasta donde sabemos, tampoco estaba inscrita.
Quizá fue un envío amplio a federados madrileños. Quizá fue una acción de promoción de última hora. Quizá simplemente se apretó el botón sin hilar demasiado fino. No lo sé. Pero la sensación que deja no es precisamente de mimo.
Si tienes la base de datos de inscritos, si la plataforma te permite exportar listados, si quieres informar a quienes realmente van a competir, lo razonable es segmentar.
Y si lo que quieres es promocionar la prueba porque faltan inscritos, también se puede hacer. Pero se puede hacer bien. Con un mensaje pensado, con contexto, con una llamada clara y con motivos para apuntarse.
No con una guía enviada a voleo, porque entonces lo que transmites no es urgencia: transmites desorden.
Cuando la guía no guía
Y claro, uno abre el manual. O el “Manual del Atleta”, como indica la portada. No pasa nada por llamarlo así, pero ya empieza a aparecer esa sensación de documento genérico, frío, más cercano a una plantilla que a una guía pensada para triatletas reales.
El problema no es usar inteligencia artificial. La usamos todos. Este mismo artículo está trabajado, ordenado y maquetado con ayuda de IA. La diferencia está en una cosa muy sencilla: revisar.
Porque el manual huele a IA desde lejos. En algunas páginas aparece incluso la marca de NotebookLM. Hay enlaces de Google Maps escritos como texto, pero no convertidos en enlaces clicables. Algo que se arregla en dos minutos y que, para un deportista que consulta el PDF desde el móvil, marca la diferencia entre “qué cómodo” y “venga, otra vez copiando esto con el dedo”.
Cosas que chirrían en el manual
- Enlaces escritos como texto, pero no clicables.
- Expresiones extrañas como “matriz de tiempos y cortes eliminatorios”.
- Mezcla de idioma, con términos como “absolute time” dentro de una tabla en castellano.
- Mapas pequeños o poco legibles para entender realmente los circuitos.
- Recorrido ciclista difícil de imaginar sin GPX, perfil o explicación más detallada.
- Imagen de la carrera a pie que no ayuda demasiado a visualizar el circuito.
Ninguna de estas cosas, por separado, hunde una prueba. Pero juntas construyen una sensación. Y esa sensación es la peligrosa.
La sensación de que nadie se ha sentado a leer el documento como lo leería un triatleta que está pensando si apuntarse o no.
La dejadez genera dudas. Y en triatlón, cuando dudas de una organización antes de apuntarte, muchas veces acabas buscando otra carrera.
Si la previa es así, ¿cómo será el día de carrera?
Esta es la pregunta incómoda. Y no porque uno quiera hacer daño, sino porque todos hemos estado ahí.
Si la comunicación previa es confusa, ¿cómo estará la señalización? Si el manual parece hecho con prisa, ¿cómo se habrán pensado los flujos de transición? Si el circuito de bici no se entiende bien en la documentación, ¿cómo de claro estará el día de la prueba? Si un Campeonato de Madrid no tiene una presentación cuidada, ¿qué mensaje se le está mandando al federado?
Los triatletas madrileños competimos fuera. Mucho. Y estamos acostumbrados a organizaciones que cuidan la información, los correos previos, los circuitos, las redes sociales, los voluntarios, la señalización y hasta ese pequeño detalle que parece menor pero que te hace sentir que alguien ha pensado en ti.
No hace falta nombrar pruebas. Hay muchas y muy buenas. Algunas grandes, otras pequeñas. Algunas con más presupuesto y otras con menos. Pero las buenas tienen algo en común: cariño.
Y aquí es donde duele. Porque desde Madrid nos vamos fuera buscando pruebas atractivas, bien comunicadas y bien organizadas. Pero, ¿a quién estamos atrayendo nosotros de fuera si la puerta de entrada es una ficha fría, una guía confusa y una sensación general de “bueno, ya está, con esto vale”?
La IA no tiene la culpa
Conviene insistir en esto: la culpa no es de la IA.
La inteligencia artificial es una herramienta. Puede ahorrar tiempo, ordenar información, ayudar a maquetar, generar borradores y facilitar mucho trabajo. Pero no sustituye al criterio. Y mucho menos sustituye a una revisión hecha por alguien que sepa cómo piensa un triatleta antes de una carrera.
Si alguien le pide a una herramienta que prepare un manual, recibe un documento aparentemente bonito y lo manda sin revisarlo, el problema no es la herramienta. El problema es el proceso. O la falta de proceso.
Y seguramente tampoco sea solo culpa de la persona que ha montado el documento. Igual esa persona tenía veinte cosas más encima de la mesa. Igual no había tiempo. Igual no había recursos. Igual nadie por encima decidió que un Campeonato de Madrid merecía una comunicación a la altura.
Pero entonces el problema es todavía más serio.
Esto no es solo un “puto negocio”
En un curso federativo escuché una vez que esto era un “puto negocio”. Puede que se dijera como frase de realismo. Puede que fuera una forma brusca de explicar que organizar cuesta dinero, que hay seguros, permisos, cronometrajes, jueces, servicios y mil gastos que no se ven.
Todo eso es verdad.
Pero el triatlón no es solo eso.
El triatlón también es alma, sudor, sacrificio, ilusión, nervios, madrugones, dudas, entrenamientos malos, entrenamientos buenos, clubes, familias, voluntarios y gente que sigue apuntándose aunque muchas veces se lo pongamos difícil.
Llámalo épica si quieres. Yo prefiero llamarlo respeto.
Respeto por el deportista que paga su inscripción. Por el federado que sostiene el sistema. Por los clubes que siguen empujando. Por una ciudad como Aranjuez, que merece una prueba bien presentada. Y por un Campeonato de Madrid, que debería sonar a algo más que “hay una prueba en el calendario, apúntate si quieres”.
No pedimos fuegos artificiales
No estamos pidiendo imposibles. No hace falta una producción audiovisual de 30.000 euros ni un equipo de marketing con quince personas. Lo que se pide es bastante más básico.
Lo mínimo exigible a una prueba así
- Una web o página de prueba cuidada, no solo una ficha de inscripción.
- Una guía del deportista revisada por alguien que compita o entienda cómo piensa un triatleta.
- Enlaces clicables.
- Mapas legibles.
- GPX o información clara de los circuitos.
- Perfil y desnivel del segmento ciclista.
- Horarios claros y coherentes.
- Comunicación segmentada a inscritos cuando toque informar a inscritos.
- Promoción bien planteada cuando toque promocionar.
- Cronometraje a la altura de un Campeonato de Madrid.
En 2026 deberíamos poder dar por hecho que un Campeonato de Madrid tiene chip. Y no lo digo por decir: he estado en Campeonatos de Madrid donde los tiempos se tomaban con papel y boli. También deberíamos poder dar por hecha una información clara y una comunicación mínimamente profesional. No tiempos apuntados a mano, no PDFs a medio revisar y no mapas que parecen más una pista de escape room que una guía de carrera.
Una crítica porque nos importa
Que no se entienda mal: esta crítica no va contra Aranjuez. Al contrario. Precisamente porque Aranjuez tiene potencial, duele más verlo tratado como una prueba cualquiera.
Tampoco va contra la existencia de la prueba. Ojalá salga bien. Ojalá haya participación. Ojalá el día de carrera todo funcione, los deportistas disfruten y podamos decir que, pese a la comunicación previa, el evento estuvo a la altura.
Pero si queremos que el triatlón madrileño deje de estar herido, hay que empezar a cuidar estas cosas. Porque los deportistas ya están poniendo su parte. Los clubes también. La gente sigue entrenando, sigue federándose, sigue compitiendo y sigue creyendo en esto incluso cuando se lo ponen difícil.
Ahora falta que quienes tienen la responsabilidad de organizar, comunicar y representar nuestro triatlón estén a la altura de esa misma ilusión.
Porque sí, el triatlón madrileño está herido. Pero no está muerto. Y precisamente por eso todavía merece que alguien lo cuide.
Foto de Portada: Javier Martín Espartosa











