Madrid tiene triatletas. Tiene clubes, entrenadores, escuelas, grupos de edad, deportistas que viajan todos los fines de semana y una enorme cantidad de gente que nada, sale con la bici o corre. Lo que cuesta mucho más encontrar es un calendario autonómico capaz de conseguir que una parte importante de esos deportistas tenga ganas de quedarse a competir aquí.
Y ese, probablemente, sea el dato que debería preocuparnos de verdad. Durante años hemos explicado la situación hablando de falta de participación, de lo difícil que resulta organizar en Madrid, de permisos, tráfico, costes o simplemente de que el triatlón ya no mueve lo mismo. Seguramente todas esas cosas tengan una parte de verdad, pero cuesta aceptarlas como explicación única cuando muchos de los mismos madrileños que no acudimos a determinadas pruebas de nuestra comunidad hacemos cientos de kilómetros para competir fuera y, además, asumimos gasolina, alojamiento, comidas y toda la logística que eso supone.
Tampoco hablamos necesariamente de cruzarnos España. Castilla-La Mancha y Castilla y León están al lado, y Madrid ocupa una posición privilegiada para atraer además a deportistas de muchas provincias sin convertir el desplazamiento en una locura logística. El problema, por tanto, quizá no sea que falten triatletas ni que Madrid esté mal situada para organizar competiciones; tal vez haya que preguntarse si estamos ofreciendo suficientes motivos para querer competir aquí.
Madrid no parece tener un problema para convencer a la gente de que haga triatlón. El Gran Triatlón Madrid demuestra precisamente lo contrario y nuestra situación geográfica amplía todavía más el público potencial. La pregunta incómoda es por qué una comunidad con tantos deportistas tiene tantas dificultades para conseguir que una parte importante de sus federados se ilusione con su propio calendario.
No es un problema de dorsales
El Gran Triatlón Madrid es probablemente el mejor ejemplo para desmontar una de las explicaciones habituales. En 2026 reunió a más de 2.000 participantes entre sus diferentes modalidades y, cuando todavía llevaba alrededor de 1.500 inscritos, más del 88% eran no federados y apenas alrededor del 11% federados. Es decir, cuando se ofrece un producto accesible, con distintas distancias y pensado para que mucha gente pueda probar este deporte, el público aparece.
Hay que reconocer además el mérito de que la Federación Madrileña se haya implicado en sacar adelante una prueba así. Si no se liara la manta a la cabeza con eventos como este, el vacío competitivo sería todavía mayor, y conseguir que miles de personas se acerquen al triatlón es algo que debemos valorar. Pero el mismo éxito plantea una pregunta desde el punto de vista federado: ¿por qué cuesta tanto convertir esa enorme base de participantes en gente que después quiera recorrer el calendario madrileño?
Madrid tiene población, clubes, escuelas, entrenadores y comunicaciones, y además estamos rodeados de provincias desde las que se puede venir a competir sin necesidad de coger un avión ni organizar un fin de semana imposible. Si una prueba es atractiva, no solo puede convocar al madrileño; puede atraer perfectamente a deportistas de Guadalajara, Toledo, Ávila, Segovia, Cuenca o incluso de bastante más lejos. Pensar únicamente en los federados madrileños como mercado potencial también puede ser parte del error.
Cuando competir fuera resulta más apetecible que competir en casa
Yo mismo miro cada temporada el calendario y termino haciendo cientos de kilómetros para competir fuera. Y no soy una excepción: basta hablar con compañeros de club y con otros triatletas madrileños para comprobar cómo Castilla-La Mancha, Castilla y León, País Vasco, Comunidad Valenciana o Galicia aparecen continuamente en nuestros calendarios mientras algunas carreras de casa apenas nos generan interés.
Y eso ocurre aunque competir fuera sea objetivamente más incómodo. Hay que pagar gasolina, alojamiento en muchas ocasiones, comidas y dedicar prácticamente el fin de semana entero a algo que podríamos hacer a menos de una hora de casa. Si aun así elegimos marcharnos, quizá haya que dejar de preguntar por qué no queremos competir y empezar a preguntar por qué otras pruebas consiguen que estemos dispuestos a hacer ese esfuerzo.
Una carrera no necesita ser Challenge Roth para conseguirlo. Hay pruebas pequeñas, con cifras similares o incluso inferiores a algunos eventos madrileños, que llevan años construyendo una identidad alrededor de un recorrido, un pueblo, un ambiente, una organización o simplemente una forma de cuidar al participante. El deportista termina asociando su nombre a una experiencia y, cuando se abren inscripciones, no necesita que nadie le recuerde que tiene que apuntarse.
Un “puto negocio”, sí; pero entonces hagamos un buen negocio
En un curso de la propia Federación Madrileña escuché definir este mundo de una forma bastante directa: “esto es un puto negocio”. Puede que lo sea y, de hecho, no veo ningún problema en que organizar una prueba sea rentable; al contrario, necesitamos organizadores profesionales y eso implica que puedan ganar dinero con su trabajo. El problema empieza cuando la rentabilidad se busca recortando precisamente aquello que construye el producto.
Un buen negocio escucha al cliente, reinvierte, mejora lo que falla y consigue que la persona que ha pagado termine pensando que volverá el año siguiente. En nuestro caso hablamos de avituallamientos decentes, señalización profesional, información clara, una llegada cuidada, recorridos pensados para competir, personal suficiente, comunicación y atención al participante. No hace falta convertir cada carrera en un evento de miles de personas, pero sí transmitir que alguien ha pensado en quien ha pagado el dorsal.
He vivido personalmente situaciones difíciles de entender. He tenido que retirar de una llegada alimentos caducados destinados a los participantes, he visto señalización hecha con rotulador que desaparecía en cuanto comenzaba a llover y carteles reutilizados donde todavía figuraba la fecha de una edición anterior. Ninguna de esas cosas por separado acaba con una prueba, pero cuando juntas suficientes detalles de ese tipo el deportista empieza a recibir un mensaje bastante claro sobre cuánto importa realmente su experiencia.
Las webs también hablan de cómo se cuida una prueba
Hay otra dejadez mucho menos grave, pero muy visible: la comunicación digital. Entro con demasiada frecuencia en webs de pruebas madrileñas que parecen llevar años sin una revisión seria, con apartados antiguos, información de temporadas anteriores mezclada con la actual, documentos que siguen anunciándose como “próximamente” o páginas en las que cuesta incluso saber qué corresponde a la edición que vas a contratar.
Puede parecer una tontería, pero antes de pagar una inscripción de 50, 100 o 200 euros la web es el escaparate de la prueba. Si entro y encuentro mensajes contradictorios, fechas antiguas o información incompleta, lo primero que pienso no es que el diseñador web sea malo, sino que quizá el resto de la organización funcione de la misma manera. La duda sobre si apuntarse empieza mucho antes de llegar a la línea de salida.
51 finalizados en un Campeonato de Madrid de Duatlón de Media Distancia
El calendario de 2026 deja un ejemplo que para mí resume bastante bien parte del problema. El Duatlón Jarama aparecía inicialmente previsto para el mismo fin de semana de Zuia Duatloia, una de las grandes referencias de la media distancia en España y una carrera que muchos duatletas marcan en rojo prácticamente desde que se conoce la fecha. Poner nuestro Campeonato de Madrid a competir directamente por el mismo deportista con una prueba de ese nivel era, como mínimo, una decisión difícil de comprender.
La competición madrileña terminó aplazándose y el Campeonato de Madrid se disputó finalmente el 6 de septiembre en Guadalix de la Sierra. En el PDF oficial aparecen 57 inscritos y 51 finalizados entre hombres y mujeres, muchos menos que otros años. Y la percepción de que cada año son menos.
Cincuenta y un finishers en un Campeonato de Madrid de Media Distancia no son un fracaso de quienes acudieron; al contrario, ellos hicieron lo que tocaba y dieron valor deportivo a la prueba. Lo que me parece difícil de aceptar es pensar que ese sea todo el potencial que podemos reunir alrededor de un campeonato autonómico en una comunidad como Madrid y con dos Castillas prácticamente a la puerta de casa.
Aranjuez: cuando la Federación tiene que sacar adelante el propio campeonato
Este año apareció además el Triatlón Olímpico de Aranjuez como nueva prueba organizada directamente por la FMTRI. Hay que reconocer esa parte: ante la necesidad de disponer de un Campeonato de Madrid de distancia olímpica, la Federación se puso a organizar y al menos consiguió que tuviéramos campeonato. La alternativa era no tenerlo, y eso habría sido todavía peor.
Pero precisamente porque hablamos de un Campeonato de Madrid tenemos que poder analizar el resultado con exigencia. Hubo 213 inscritos, una cifra que no es ridícula pero que tampoco parece extraordinaria para una prueba olímpica, un campeonato autonómico y una región del tamaño de Madrid. Y mi sensación sobre el terreno es que la organización tampoco estuvo al nivel que debería esperarse de una competición que lleva ese apellido de “Campeonato de Madrid”.
No se trata de negar el esfuerzo de quienes estuvieron allí trabajando ni de olvidar lo difícil que es levantar una prueba nueva. Se trata de que un campeonato debería ser el escaparate de lo mejor que podemos hacer, una carrera que quieras señalar en el calendario por lo que ofrece y no simplemente porque ese día reparte los títulos autonómicos. Si tenemos que organizarla nosotros mismos para que exista, bien; pero entonces aprovechemos para construir algo que vaya creciendo de verdad.
Half Madrid: un campeonato debería aspirar a algo más
Algo parecido me ocurre con el Half Madrid, que este año volvió a acoger el Campeonato de Madrid de Media Distancia. La cita reunió cerca de 800 participantes entre todas sus modalidades y 292 compitieron en la distancia Half, además de formar parte del Ranking Nacional de Media y Larga Distancia. Por volumen no estamos hablando precisamente de una carrera vacía.
Pero una cosa es llenar modalidades y otra distinta conseguir que el Campeonato de Madrid tenga el nivel, la profundidad y la consideración deportiva que debería acompañar a ese nombre. Esto no es quitar mérito a Adrián Martínez, Steffie Le Benezic ni a ninguno de los deportistas que estuvieron delante; la cuestión es si nuestro campeonato consigue atraer de forma consistente a una representación realmente amplia de los mejores especialistas madrileños y generar entre los clubes la sensación de que es una cita imprescindible.
Un Campeonato de Madrid no debería valer únicamente porque aparece esa etiqueta en el reglamento. Debería sentirse distinto, tener prestigio propio y conseguir que ganar allí tenga un significado especial dentro de la temporada. Si el título autonómico termina funcionando fundamentalmente como reclamo comercial de una prueba, hemos invertido el orden de las cosas.
Ser Campeonato de Madrid no debería ser el plan de marketing
El campeonato tiene valor, claro. Puntúa para clubes, reparte títulos, sirve para rankings y hace que determinados deportistas acudan porque persiguen un resultado concreto. Precisamente por eso es una herramienta muy poderosa y debería utilizarse para elevar la calidad de nuestro calendario.
Lo que no me convence es la lógica contraria: convertir el Campeonato de Madrid en el principal argumento para garantizar participación a una prueba que por sí misma no consigue despertar suficiente interés. Primero deberíamos construir una buena carrera y después premiarla con un campeonato, no utilizar el campeonato para intentar convertirla automáticamente en una buena carrera.
Y esto debería ir acompañado de evaluación. Si una prueba recibe un Campeonato de Madrid, la Federación debería preguntarse después cómo ha funcionado, qué opinan los deportistas, si los servicios estuvieron a la altura, si aumentó o perdió participación y si merece repetir. La antigüedad no debería sustituir nunca a la calidad.
Con sorna hablamos de la “Federación de Duatlón Madrileña”
Durante años he escuchado, y también he utilizado, la broma de que casi tenemos una Federación de Duatlón Madrileña en lugar de una Federación Madrileña de Triatlón. Madrid tiene dificultades evidentes para encontrar aguas abiertas, obtener permisos y organizar circuitos ciclistas de triatlón, por lo que buena parte de la temporada termina inevitablemente apoyándose en el duatlón. Hasta ahí puedo entenderlo.
Pero ni siquiera podemos conformarnos con que el duatlón simplemente exista. Si es una modalidad central de nuestro calendario, deberíamos cuidarla especialmente y conseguir carreras que generen identidad y ganas de competir. Fuente el Saz, Jarama, Guadalix y otras sedes han ido apareciendo a lo largo de estos años, pero cambiar de municipio o de nombre no arregla el fondo si el deportista sigue viendo el mismo producto.
El ejemplo de este año en media distancia vuelve a ser especialmente significativo: 51 finishers para el campeonato. Si somos una comunidad donde hay miles de personas vinculadas al triatlón y al duatlón, la cuestión no puede quedarse en decir que la gente ya no quiere correr esta modalidad. Quizá haya que preguntarse qué estamos haciendo para que quiera correrla aquí.
¿Por qué seguimos nadando casi siempre en los mismos sitios?
Aquí conviene ser justos porque organizar natación en aguas abiertas en Madrid no es sencillo. La Comunidad de Madrid tiene muy pocas zonas naturales oficialmente censadas para baño y existen condicionantes sanitarios, medioambientales y administrativos reales; no basta con encontrar un embalse bonito, colocar tres boyas y decidir que allí se va a nadar.
Pero también hemos visto un Campeonato de Madrid de Swimrun en el Embalse del Atazar con múltiples entradas y salidas del agua. Eso no significa que si puede organizarse un swimrun automáticamente pueda hacerse allí un triatlón con cientos de bicicletas, porque el impacto y las necesidades son diferentes. Lo que sí me hace preguntarme es si estamos explorando todas las posibilidades con suficiente insistencia.
En el pasado hemos tenido triatlones en el Pantano de San Juan y sabemos que existen paisajes en la Comunidad capaces de ofrecer mucho más que repetir siempre la misma fórmula. Si los impedimentos administrativos son insalvables, expliquémoslos; si existen vías para trabajar con las administraciones, trabajémoslas. Resignarnos a que Madrid no puede tener otras sedes tampoco parece una estrategia de futuro.
Y después viene la bicicleta
Probablemente este sea uno de los obstáculos más duros. Un triatlón necesita kilómetros de carretera, permisos de distintos municipios y administraciones, cortes de tráfico, policías locales o Guardia Civil según el recorrido, alternativas para los vecinos, seguridad, voluntarios y una coordinación enorme. Todo ello cuesta dinero y cerrar carreteras cada vez resulta más complicado.
Pero el recorrido ciclista define una parte enorme de la experiencia. Meter muchos deportistas en un circuito corto y obligarlos a dar demasiadas vueltas genera saturación, drafting, adelantamientos continuos y una carrera que termina pareciendo diseñada alrededor de lo que era más sencillo autorizar y no de lo que era mejor para competir.
No digo que sea sencillo conseguir otra cosa. Lo que digo es que esa debería ser una de las grandes tareas de una federación territorial: sentarse con ayuntamientos, Comunidad, DGT y quien haga falta e intentar abrir caminos para que organizar una buena carrera no sea prácticamente imposible antes incluso de empezar.
Challenge Madrid dejó una herida que seguimos arrastrando
En 2021 se produjo uno de los episodios más desagradables que recuerdo alrededor del triatlón madrileño. Challenge Madrid anunció que quedaba fuera del calendario de 2022 y publicó un comunicado durísimo contra la decisión, mientras que la FMTRI respondió explicando sus criterios de calendario y ofreciendo una versión muy diferente de lo ocurrido. Las dos partes terminaron aireando públicamente un enfrentamiento del que difícilmente podía salir algo bueno.
No puedo afirmar que aquello sea la causa directa de que otros grandes promotores no hayan apostado después por Madrid. No tengo ninguna forma de demostrarlo y sería demasiado sencillo reducir un problema tan complejo a un único episodio. Pero sí puedo preguntarme qué imagen se llevó cualquier organizador externo que estuviera valorando invertir aquí cuando vio cómo acababa la relación entre una marca internacional y nuestra federación territorial.
Organizar una prueba grande implica arriesgar muchísimo dinero, negociar permisos durante meses y confiar en muchas instituciones. Si desde fuera percibes un ecosistema cerrado, conflictos históricos y dificultades para encontrar un hueco estable, la opción más sencilla es irte a otra comunidad donde la inversión parezca menos incierta.
El problema de que parezca que las fechas tienen dueño
La normativa de organizadores tiene una lógica que entiendo. Quien lleva muchos años desarrollando una prueba necesita estabilidad, no puede empezar cada temporada sin saber si conservará la fecha alrededor de la cual ha construido permisos, patrocinadores y logística. Proteger cierta continuidad es razonable.
El problema llega cuando desde fuera esa estabilidad empieza a percibirse como un calendario cerrado. Durante años he escuchado dentro del ambiente madrileño hablar de organizadores que solicitan o bloquean diferentes fechas como colchón ante posibles problemas meteorológicos, y de la dificultad de que otros proyectos encuentren espacio.
Pero que ese comentario aparezca una y otra vez ya señala un problema de confianza. Un sistema sano debería ser suficientemente transparente para que no existiera ninguna duda sobre quién ha solicitado una fecha, por qué se le concede, qué alternativas existen y qué condiciones debe cumplir una prueba para conservarla. La mejor manera de acabar con los rumores no es discutir sobre ellos, sino eliminar el terreno donde pueden crecer.
Una competición que lleva quince años haciéndose merece respeto por haber sobrevivido quince años. Lo que no debería tener es un derecho perpetuo a una fecha o a un campeonato si aparece una alternativa capaz de mejorar el calendario. La continuidad debería dar experiencia, no inmunidad frente a la competencia.
La comunicación sigue pareciendo de otra época
Esta parte puedo contarla en primera persona porque la vivo desde hace años. Trigloberos es un medio de Madrid, tenemos un club aquí, competimos aquí y conocemos buena parte de este ecosistema, pero nuestra relación con pruebas de otras comunidades es muchísimo más fluida que con muchas de las que se celebran a pocos kilómetros de casa.
Nos llegan notas de prensa de Canarias, Comunidad Valenciana, Galicia, País Vasco, Castilla y León, de todas partes, incluso pruebas internacionales. Hay organizadores que escriben, llaman, mandan fotografías, facilitan entrevistas y entienden que cuando un medio habla de su carrera no les está pidiendo un favor, sino ayudando a que más gente conozca el producto. En Madrid demasiadas veces tengo la sensación contraria: que preguntar molesta, que la información hay que perseguirla o que directamente da igual que nadie hable de la prueba.
Y no es solo enviar una nota de prensa. Es construir relato durante meses: presentar recorridos, explicar novedades, contar quién va a participar, enseñar el trabajo de los clubes y mantener la web actualizada. Si únicamente apareces dos semanas antes diciendo que eres Campeonato de Madrid, has renunciado a casi todo el trabajo de marketing que podría hacer crecer la carrera.
No todo está mal, y el Gran Triatlón demuestra que se pueden hacer cosas
Sería injusto convertir todo esto en un artículo que diga que en Madrid absolutamente todo se hace mal. No es verdad. El Gran Triatlón consigue llevar miles de personas a la Casa de Campo, ofrece formatos accesibles, relevos y distancias para distintos niveles, y la propia Federación ha demostrado con Aranjuez que cuando falta una prueba es capaz de meterse directamente a organizar para mantener vivo un campeonato.
Eso es precisamente lo que me hace pensar que tenemos margen para mucho más. Si somos capaces de sacar adelante el Gran Triatlón, organizar directamente Aranjuez, mantener un circuito escolar enorme y gestionar una estructura federativa con tantos clubes, también deberíamos ser capaces de construir un calendario adulto del que estemos orgullosos.
El Gran Triatlón debería ser una puerta de entrada. Lo lógico sería que alguien que descubre allí este deporte termine federándose, entrando en un club y buscando nuevas pruebas en Madrid durante los siguientes meses. Si después de esa puerta de entrada el deportista tiene que mirar hacia fuera para encontrar carreras que le motiven, tenemos un embudo que no termina de funcionar.
Pero es un triatlón de puerta de entrada, para conocer el deporte. ¿Dónde hay un triatlón de media distancia en Madrid que atraiga federados de otras regiones?
El triatleta no pide lujo, pide cuidado
Estamos acostumbrados a pagar. Pagamos licencia, club, material, entrenador en muchos casos, gasolina, hoteles e inscripciones, y sabemos perfectamente que cerrar una carretera o montar una transición no es gratis. Lo que empieza a cansar es pagar y tener la sensación de que haber conseguido dar una salida y una meta ya se considera suficiente.
Celebrar una prueba no puede ser el único estándar de calidad de una organización. El objetivo debería ser que quien cruza la meta quiera volver.
Hay cosas que cuestan mucho dinero y otras que cuestan simplemente atención. Conseguir un mejor circuito puede requerir meses de negociaciones, pero revisar una web, imprimir correctamente un cartel, comprobar que la comida está en fecha o responder un correo no necesita una subvención extraordinaria. Precisamente porque hay partes carísimas y dificilísimas, lo sencillo debería estar impecable.
¿Qué cambiaría?
No tengo una solución mágica y cualquiera que la venda probablemente esté simplificando demasiado. Organizar en Madrid es difícil, los costes han crecido, conseguir voluntarios cuesta, los permisos son complejos y hay muchísima gente trabajando en estas pruebas que dedica horas que los deportistas no vemos. Reconocer eso no significa que tengamos que conformarnos con lo que tenemos.
- Estándares reales para los Campeonatos de Madrid. Señalización, avituallamientos, servicios, comunicación, seguridad, número máximo de participantes y experiencia del deportista deberían formar parte de los criterios de concesión.
- Evaluar cada campeonato después de celebrarlo. Participación, incidencias y opinión de clubes y deportistas deberían influir a la hora de decidir quién lo organiza al año siguiente.
- Encuestas anónimas a participantes. Preguntar al cliente qué ha funcionado, qué no y si volvería parece una herramienta bastante básica.
- Más transparencia en el calendario. Saber qué fechas se solicitan, qué conflictos existen y por qué se adjudica cada una reduciría muchísimo la sensación de calendario cerrado.
- Facilitar la entrada de organizadores nuevos. La experiencia debe contar, pero no debería funcionar como una barrera que haga imposible competir con quien lleva años instalado.
- Trabajar nuevas sedes de natación. No fingiendo que los permisos son sencillos, sino precisamente liderando las negociaciones necesarias para saber qué se puede hacer y qué no.
- Buscar mejores circuitos de bicicleta. Seguridad y viabilidad son imprescindibles, pero también debemos intentar que el recorrido forme parte del atractivo de la prueba.
- Profesionalizar la comunicación. Webs actualizadas, información con tiempo, notas de prensa, fotografías y relación normal con los medios especializados.
- Escuchar a los clubes. Son quienes reúnen a buena parte del federado y quienes saben perfectamente por qué una carrera moviliza a sus deportistas y otra no.
- Que ser Campeonato de Madrid sea un premio. Una buena carrera debería aspirar al campeonato; el campeonato no debería ser el salvavidas de una carrera.
No quiero menos Federación, quiero que esto funcione mejor
La conclusión tampoco puede ser que sobra la Federación. La necesitamos para clubes, escuelas, oficiales, técnicos, seguros, campeonatos, formación, selección madrileña y para defender nuestro deporte ante administraciones que probablemente tendrían otras prioridades si nadie se sentara delante. Y hay muchas personas dentro que trabajan muchísimo para que todo eso exista.
Precisamente porque la necesitamos creo que debemos ser exigentes. Igual que debemos serlo con organizadores, clubes, medios y también con nosotros mismos como deportistas. Si llevamos muchos años hablando de los mismos problemas, quizá sea momento de dejar de normalizarlos.
Madrid ya tiene una de las partes más difíciles: gente que quiere hacer triatlón y duatlón. Está en las piscinas, en las carreteras, en los parques, en decenas de clubes y cada fin de semana demuestra que está dispuesta a desplazarse y gastar dinero para competir. Además estamos en un punto geográfico desde el que una buena prueba puede atraer sin dificultad a deportistas de buena parte de la zona centro.
Por eso creo que llevamos demasiado tiempo haciéndonos la pregunta equivocada. En vez de preguntarnos por qué la gente no viene, deberíamos preguntarnos qué tenemos que hacer para que quiera venir. El objetivo no puede ser que alguien acuda porque puntúa para su club o porque ese día repartimos el Campeonato de Madrid, sino que abra el calendario y piense que esa carrera no se la quiere perder.
Está claro que tenemos un problema y que, después de tantos años, no debe ser sencillo de solucionar. Pero habrá que empezar a trabajar de verdad para cambiarlo, porque conformarnos con que las pruebas simplemente sobrevivan no puede ser la solución.
No me quiero meter en la larga distancia, eso da para otro artículo…










