Imaginemos una situación bastante poco cinematográfica.
Es jueves, llevas varios días acatarrado y el domingo tienes un triatlón. En la farmacia compras un antigripal. Otro compañero utiliza un inhalador para el asma. Al de al lado le han infiltrado una rodilla. Uno de 50 años sigue un tratamiento hormonal prescrito por su médico y otro toma tres suplementos diferentes porque entre entrenar, trabajar y dormir poco considera que toda ayuda es bienvenida.
Ninguno de ellos tiene por qué estar intentando hacer trampas.
Pero todos están entrando, de una forma u otra, en un terreno regulado por las normas antidopaje.
La pregunta interesante para un triatleta de grupos de edad no es solamente qué lleva un profesional cuando decide doparse. Es otra bastante más cercana: ¿es fácil dar positivo sin saberlo?
La respuesta necesita algún matiz. No, un deportista no debería vivir con miedo a tomarse un paracetamol. Pero competir pensando que la normativa antidopaje solo afecta a los profesionales puede acabar dando algún disgusto.
Ser un globero no significa estar fuera de las normas antidopaje
Hace apenas unos días contábamos en Trigloberos que Challenge Roth había realizado controles también entre participantes de Grupos de Edad. No es una rareza exclusiva de los campeonatos profesionales.
IRONMAN deja expresamente establecido, por ejemplo, que los Grupos de Edad que aceptan una plaza para sus Campeonatos del Mundo quedan sometidos a su normativa antidopaje y a su programa de controles.
En España existe además una definición legal de “deportista aficionado”: aquel que no tiene consideración de deportista de nivel nacional ni internacional. CELAD puede decidir realizarle controles y aplicarle las normas antidopaje.
Hay, no obstante, una protección importante para este perfil. Si CELAD controla a un deportista aficionado que está utilizando por razones médicas una sustancia o método prohibido, la normativa permite que solicite posteriormente una Autorización de Uso Terapéutico —AUT— con carácter retroactivo.
Ojo con una confusión habitual: “grupo de edad” y “deportista aficionado” no son necesariamente sinónimos jurídicos. Un deportista que participa en un Campeonato del Mundo o adquiere determinado nivel competitivo puede estar sujeto a requisitos diferentes. Una AUT concedida por CELAD tampoco tiene por qué ser reconocida automáticamente en una competición internacional.
Por eso, cuanto mayor sea el nivel de la prueba, menos aconsejable es esperar a tener un problema para preguntarse qué normas nos afectan.
¿Qué podemos tomar normalmente y qué merece una comprobación?
La Lista de Sustancias y Métodos Prohibidos de 2026 parece enorme cuando se consulta por primera vez, pero el problema práctico del deportista popular suele concentrarse en medicamentos bastante cotidianos.
De hecho, entre las sustancias y medicamentos más consultados en la plataforma de CELAD aparecen salbutamol, ibuprofeno, tramadol, paracetamol, budesonida, cafeína y diferentes antigripales.
| Producto o tratamiento | Qué debe saber un triatleta |
|---|---|
| Ibuprofeno | No aparece como sustancia prohibida en la Lista 2026. Que sea permitido antidopaje no significa que deba utilizarse indiscriminadamente ni que carezca de riesgos médicos. |
| Paracetamol | No está prohibido por la normativa antidopaje actual. |
| Cafeína | No está prohibida. WADA la mantiene en 2026 dentro de su programa de seguimiento para observar patrones de utilización. |
| Pseudoefedrina | Puede aparecer en medicamentos para el resfriado. Está prohibida en competición cuando su concentración en orina supera los 150 microgramos por mililitro. |
| Tramadol | Está prohibido en competición desde 2024 y continúa incluido en la Lista 2026. |
| Salbutamol | No está simplemente “prohibido”. La vía inhalada está permitida dentro de límites concretos: hasta 1.600 microgramos en 24 horas y sin superar 600 microgramos cada ocho horas. También existe un umbral urinario. |
| Glucocorticoides | En competición están prohibidos cuando se administran por vía oral, rectal o inyectable. Otras vías como la inhalada, intranasal, cutánea, oftálmica u ótica pueden estar permitidas cuando se utilizan según las dosis e indicaciones autorizadas. |
| Metilfenidato y otros estimulantes para TDAH | Algunos están prohibidos en competición. Un tratamiento médico puede requerir una AUT. |
| Diuréticos | Medicamentos como hidroclorotiazida, torasemida o espironolactona aparecen dentro de la categoría de diuréticos y agentes enmascarantes prohibidos. |
| Testosterona | Está prohibida. Que un médico haya prescrito un tratamiento no equivale automáticamente a tener autorización para competir utilizándolo. |
Esta tabla sirve para orientarse, no para decidir un tratamiento. La Lista cambia y además una misma sustancia puede tener reglas diferentes según la vía, la cantidad o el momento en que se utilice.
Por eso la herramienta que realmente debería guardar cualquier deportista federado español es NØDopWeb de CELAD. Permite introducir el nombre comercial de un medicamento, su código nacional o un principio activo y comprobar si está prohibido y en qué condiciones.
Hay además un detalle importante: NØDopWeb está pensada para medicamentos. No certifica complementos alimenticios, plantas o productos similares.
El mismo medicamento puede ser permitido por la nariz y problemático mediante una inyección
Esta quizá sea una de las partes menos intuitivas de la normativa.
Cuando preguntamos si un medicamento “da positivo”, muchas veces estamos haciendo mal la pregunta.
Un glucocorticoide puede estar permitido mediante una determinada vía y prohibido en competición mediante otra. El salbutamol inhalado puede utilizarse dentro de determinados límites. Una infiltración de corticoides no se regula igual que un spray nasal.
También existen periodos de lavado, es decir, tiempos estimados entre la última administración de determinados medicamentos y el inicio del periodo en competición para reducir el riesgo de que permanezcan concentraciones relevantes.
Eso significa que el médico necesita saber una cosa aparentemente trivial pero importante: que vamos a competir.
Y nosotros necesitamos saber que “me lo ha puesto el médico” y “está permitido en competición” no son exactamente la misma frase.
¿Y si necesito de verdad ese medicamento?
El sistema antidopaje no pretende obligar a elegir entre competir y tratar una enfermedad.
Para eso existen las Autorizaciones de Uso Terapéutico. CELAD puede autorizar el uso de una sustancia o método prohibido cuando existe una patología diagnosticada, el tratamiento es médicamente necesario, no proporciona una mejora del rendimiento más allá de recuperar un estado normal de salud y no existe una alternativa razonable permitida.
Para sustancias prohibidas únicamente en competición, CELAD recomienda solicitar la AUT al menos 30 días antes cuando corresponda hacerlo previamente.
Y aquí vuelve a ser relevante el nivel deportivo. Un deportista recreacional puede disponer de mecanismos retroactivos que no funcionan exactamente igual para alguien considerado de nivel nacional o internacional.
El suplemento es un problema completamente diferente
Con los suplementos entramos en un terreno mucho menos controlable.
Creatina, proteína, carbohidratos, vitaminas o recuperadores no se convierten mágicamente en sustancias prohibidas por venderse como suplementos deportivos.
El problema es otro: el contenido real del bote no siempre coincide perfectamente con lo que pone en la etiqueta.
La International Testing Agency advierte de tres riesgos principales: presencia deliberada de sustancias prohibidas, contaminación durante la fabricación y etiquetado incorrecto o incompleto.
Y tenemos un ejemplo especialmente gráfico en España.
Un bote que decía llevar creatina y contenía un anabolizante y un SARM
En 2018 la entonces AEPSAD emitió una alerta sobre un suplemento denominado CREAQUAD. Según su composición declarada, debía contener creatina.
Sin embargo, en al menos uno de los lotes analizados aparecieron metasterona, un esteroide anabolizante, y ostarina, un modulador selectivo de los receptores androgénicos —SARM—. Ninguna de las dos figuraba correctamente como parte de lo que el consumidor esperaba estar tomando.
El ejemplo es antiguo, pero sirve para demostrar algo que sigue siendo válido: la contaminación de suplementos no es una excusa teórica inventada después de un positivo. Ha ocurrido.
Entonces, ¿qué suplementos son seguros?
Ninguno puede garantizar un riesgo absolutamente cero.
Pero existen programas independientes que analizan productos y, en algunos casos, lotes concretos buscando sustancias prohibidas.
La International Testing Agency cita entre las opciones de control independiente:
- Informed Sport
- NSF Certified for Sport
- HASTA
- Kölner Liste / Cologne List
- BSCG
La diferencia parece pequeña pero es fundamental: no basta con que una marca diga que alguno de sus productos está certificado.
Hay fabricantes que certifican únicamente una parte de su catálogo. Y puede haber diferencias entre lotes. Si queremos minimizar el riesgo, hay que comprobar el producto concreto y, cuando el programa lo permita, el número de lote que tenemos delante.
Un sello reduce el riesgo; no lo convierte en cero. Ni WADA ni una agencia antidopaje certifican suplementos como absolutamente seguros. El atleta continúa siendo responsable de lo que aparece en su organismo.
Ya ha ocurrido: una campeona del mundo GGEE perdió su título por un suplemento
En 2019 una triatleta australiana ganó el Mundial de Duatlón en Pontevedra dentro del grupo 35-39.
El control posterior detectó higenamina, una sustancia prohibida.
World Triathlon aceptó que la infracción había sido involuntaria: la sustancia procedía de un suplemento dietético y no figuraba en su etiquetado. La sanción terminó siendo de 12 semanas, muy inferior a la que habría correspondido a un caso intencionado.
Pero hubo una consecuencia que ya no podía arreglarse: perdió el título mundial, la medalla y el resultado obtenido en Pontevedra.
El caso muestra perfectamente la diferencia entre dar positivo y diseñar deliberadamente un programa de dopaje. No son moralmente lo mismo.
Reglamentariamente, sin embargo, que una sustancia aparezca en la muestra sigue teniendo consecuencias.
“Me lo ha recetado el médico” tampoco siempre resuelve el problema
Otro caso real implicó a un triatleta estadounidense de 56 años que utilizaba testosterona desde hacía años.
USADA aceptó que se trataba de una medicación prescrita por un médico y utilizada en dosis terapéuticas.
Aun así fue sancionado durante dos años.
La razón era muy sencilla: no disponía de una AUT válida.
El caso tiene especial interés en un deporte como el triatlón, donde una parte enorme de la población competitiva masculina se encuentra entre los 40 y los 60 años. Hace poco analizábamos en Trigloberos la distribución de edades de Kona 2026 y las categorías M45-49, M50-54 y M55-59 reunían prácticamente la mitad de los hombres GGEE presentes.
Tratamientos hormonales, hipogonadismo y TRT son, por tanto, asuntos mucho menos alejados del triatleta popular de lo que podían parecer hace veinte años.
Una prescripción médica puede justificar un tratamiento. No sustituye automáticamente una autorización antidopaje.
Y ni siquiera hace falta utilizar una sustancia prohibida
Uno de los casos más instructivos del triatlón amateur terminó sin que se detectara ninguna droga ilegal.
Un ganador de M35-39 en Kona había recibido antes de IRONMAN Texas dos infusiones intravenosas con sustancias permitidas en volúmenes superiores a 100 ml dentro de un periodo de 12 horas.
El problema no estaba en el contenido.
La propia infusión era un método prohibido en esas condiciones y no existía una AUT.
Recibió 14 meses de suspensión y perdió tanto su victoria en Texas como el título mundial de Kona.
Paradójicamente, la investigación comenzó después de que se informara a IRONMAN de un vídeo publicado por el propio deportista explicando el tratamiento. Todo apunta precisamente a uno de esos casos donde el desconocimiento de la norma tuvo mucho más peso que cualquier intento de esconder lo sucedido.
Dopaje, por tanto, no significa únicamente encontrar EPO en un tubo de ensayo.
Hasta aquí podemos hablar de errores. Pero sería ingenuo explicar así todo el dopaje amateur
Los casos anteriores pueden hacernos pensar que el principal problema de los Grupos de Edad son los medicamentos, las etiquetas defectuosas y una normativa complicada.
No es toda la historia.
También existen casos en los que resulta extraordinariamente difícil recurrir al argumento del accidente.
Un grupo de edad español, clembuterol y una plaza para Kona
En 2019 un triatleta español del grupo 25-29 dio positivo por clembuterol en IRONMAN 70.3 Marbella.
No era un participante cualquiera del fondo de la clasificación. Había ganado anteriormente su grupo de edad en IRONMAN Malaysia y había conseguido plaza para disputar el Campeonato del Mundo de Kona.
Recibió una sanción de cuatro años.
El detalle más interesante es cómo llegó el control: IRONMAN explicó que fue un control dirigido a partir del intercambio de información con la agencia antidopaje española.
Es decir, tampoco podemos asumir que los controles a aficionados sean necesariamente una lotería en la que solamente te toca si ganas.
Esto ocurrió en España, afectó a un grupo de edad competitivo y demuestra que los programas antidopaje también pueden utilizar inteligencia e información para decidir a quién controlar.
EPO, CERA y anabolizantes entre participantes de Kona
Y después están los casos para los que cuesta muchísimo encontrar una explicación cotidiana.
Alrededor del Campeonato del Mundo IRONMAN de Kona 2018 se realizaron controles fuera de competición a varios participantes de Grupos de Edad.
Tres terminaron aceptando sanciones de cuatro años.
En dos casos aparecieron múltiples esteroides androgénicos anabolizantes. En un tercero se detectaron agentes estimulantes de la eritropoyesis, entre ellos EPO y CERA, además de múltiples anabolizantes.
Aquí ya no estamos discutiendo si el deportista leyó mal la caja de un antigripal.
Estamos hablando de sustancias históricamente asociadas a estrategias deliberadas de mejora del rendimiento de resistencia.
No todos los positivos son iguales. Una sustancia no declarada dentro de un suplemento, una medicación terapéutica sin la AUT correspondiente y una combinación de EPO, CERA y varios anabolizantes pueden constituir infracciones antidopaje, pero no tiene sentido analizarlas como si describieran exactamente la misma conducta.
¿Son cuatro casos aislados o existe realmente dopaje entre aficionados?
Aquí entra la parte más complicada: medirlo.
Preguntar directamente “¿te dopas?” no es precisamente el mejor sistema para obtener respuestas sinceras.
Por eso algunos investigadores utilizan técnicas de respuesta aleatorizada. El investigador no puede saber qué ha respondido cada individuo, pero estadísticamente puede estimar qué proporción del grupo reconoce el comportamiento que se está estudiando.
Uno de los estudios más conocidos se realizó precisamente con 2.997 triatletas recreativos que participaban en pruebas alemanas. La estimación de dopaje físico durante los 12 meses anteriores fue del 13 %.
Un trabajo posterior realizado en seis eventos y con 1.953 cuestionarios estimó un 7 % de potencial dopaje físico.
triatletas recreativos en el estudio de 2013.
estimación de dopaje físico durante los 12 meses anteriores.
estimación en otro estudio de triatletas recreativos publicado en 2019.
Estos números necesitan un enorme asterisco.
No significan que uno de cada ocho triatletas españoles esté dopado.
Son estudios realizados en poblaciones determinadas, utilizan definiciones y modelos estadísticos concretos y no representan positivos confirmados mediante controles.
Pero tampoco permiten despachar el fenómeno diciendo que son cuatro locos.
Una revisión sistemática y metaanálisis publicada en 2026 reunió 46 trabajos que utilizaban métodos indirectos para estimar la prevalencia. Entre deportistas recreativos de deportes individuales, la estimación agrupada de dopaje durante el último año alcanzaba el 15,5 %.
De nuevo: no es una cifra específica de triatlón ni puede trasladarse automáticamente a España.
La conclusión más prudente es otra: la prevalencia real del dopaje es muy difícil de medir y probablemente los controles positivos muestran únicamente una parte del fenómeno.
¿Los suplementos son la puerta de entrada al dopaje?
Existe además una asociación científica bastante curiosa.
Un metaanálisis publicado en 2023 reunió 26 estudios con 13.296 deportistas. El dopaje autodeclarado aparecía con una frecuencia 2,74 veces superior entre quienes utilizaban suplementos que entre quienes no los utilizaban.
La prevalencia agrupada fue del 14,7 % frente al 6,7 %.
Esto no demuestra que tomar creatina, proteína o cafeína conduzca a utilizar EPO. Todos los trabajos incluidos eran observacionales y existen multitud de posibles explicaciones.
Puede ser que determinadas personas desarrollen una progresión desde ayudas legales hacia otras prohibidas. Pero también que un perfil de deportista especialmente obsesionado con optimizar cada detalle sea, desde el principio, más proclive tanto a consumir suplementos como a considerar sustancias prohibidas.
Es una asociación, no una relación causal demostrada.
La escalera de la optimización
Quizá esta sea una de las partes más interesantes del dopaje recreativo.
El profesional tiene una explicación evidente para buscar una ventaja: contratos, premios, selección, resultados o continuidad laboral.
¿Qué gana un hombre de 48 años que trabaja de lunes a viernes?
Tal vez una plaza para Kona. Un podio de categoría. Ganar al compañero con el que lleva cinco temporadas picándose. Recuperar el rendimiento que tenía con 35 años. O simplemente mantener una determinada identidad como deportista.
Sería irresponsable atribuir cualquiera de esas motivaciones a una persona concreta sin preguntárselo.
Pero la literatura sobre dopaje recreativo sí describe un fenómeno más amplio de medicalización y búsqueda constante de mejora.
Entrenamos con potencia. Medimos HRV. Analizamos el sueño. Tomamos cafeína, creatina, nitratos o bicarbonato. Nos hacemos analíticas. Ajustamos el hierro cuando está indicado. Buscamos recuperar antes.
Nada de eso tiene por qué ser problemático.
La pregunta empieza a cambiar cuando la obsesión deja de ser entrenar mejor y se convierte en encontrar continuamente qué otra cosa podemos añadir para rendir más.
Entonces, ¿es fácil dar positivo accidentalmente?
Probablemente no sea correcto decir que es “fácil”.
Millones de deportistas toman medicamentos perfectamente compatibles con la normativa y nunca tendrán un problema antidopaje.
Pero tampoco es sensato pensar que únicamente debería preocuparse quien compra EPO.
Hay varios escenarios perfectamente reales:
- tomar un antigripal sin revisar todos sus principios activos;
- utilizar un inhalador por encima de los límites permitidos;
- competir demasiado cerca de un tratamiento con glucocorticoides;
- recibir una infiltración sin comprobar la normativa;
- seguir un tratamiento hormonal pensando que la receta médica es suficiente;
- consumir un suplemento contaminado;
- utilizar una infusión intravenosa en condiciones no permitidas.
La buena noticia es que casi todos estos riesgos pueden reducirse muchísimo con algo bastante menos sofisticado que un laboratorio antidopaje: comprobar el medicamento antes de utilizarlo, avisar al médico de que competimos y ser mucho más exigentes con los suplementos que compramos.
Tres reglas bastante sencillas para un Grupo de Edad
1. Medicamentos: comprobar el nombre comercial y todos sus principios activos en NØDopWeb cada temporada y ante cualquier cambio de tratamiento.
2. Tratamientos médicos: si contienen una sustancia o método prohibido, averiguar antes de competir si necesitamos una AUT y qué organismo debe concederla.
3. Suplementos: si decidimos utilizarlos, priorizar productos con análisis independiente por lote y guardar envase, lote y justificante. El riesgo nunca será cero.
Un positivo no convierte automáticamente a alguien en un tramposo. Pero tampoco todos los positivos son accidentes
Quizá esa sea la idea que más fácilmente se pierde cuando hablamos de dopaje.
Hay deportistas que han perdido un título porque un suplemento contenía una sustancia que no aparecía en la etiqueta.
Hay otros que han sido sancionados utilizando un tratamiento médico real pero sin la autorización necesaria.
También hay quien ha infringido la normativa mediante una infusión que ni siquiera contenía una sustancia prohibida.
Y existen Grupos de Edad a los que se han detectado clembuterol, testosterona, anabolizantes, EPO o CERA.
Meter todas esas historias en el mismo saco sirve para hacer un titular sencillo, pero explica bastante mal el problema.
El deportista amateur quizá no cobre un sueldo por competir. Eso no significa que esté fuera de la normativa, ni que el deseo de mejorar desaparezca cuando termina la jornada laboral.
Y tampoco significa que debamos convertir el botiquín de casa en un campo de minas.
La frontera práctica es bastante más sencilla: si nos tomamos suficientemente en serio el deporte como para entrenar diez o quince horas semanales, comprar una bicicleta de miles de euros y medir cada vatio, quizá también merezca la pena dedicar dos minutos a comprobar qué estamos tomando.
La EPO queda bastante lejos de la mayoría de nosotros.
El antigripal del viernes, el inhalador, la infiltración o el bote de suplementos del armario, no tanto.











