Más contaminación, maratones más lentos. Esa es la asociación que aparece al analizar casi 2,8 millones de resultados de Berlín, Boston, Chicago, Londres, Nueva York y Tokio. El dato más llamativo es fácil de convertir en titular: por cada aumento de 1 µg/m³ de dióxido de nitrógeno, el modelo encontró alrededor de minuto y medio adicional en el tiempo final. El problema empieza cuando intentamos utilizar esa cifra para calcular cuánto perderá un corredor concreto.
El estudio, publicado en Sports Medicine – Open, analizó 2.756.553 tiempos netos registrados en 75 ediciones de los seis World Marathon Majors entre 2010 y 2024. Los investigadores cruzaron esos resultados con las concentraciones estimadas de NO₂ y partículas PM2.5 del día de cada carrera y ajustaron los modelos por índice de calor, velocidad del viento y evolución temporal.
El NO₂ fue el contaminante que apareció asociado con el rendimiento
Los resultados fueron bastante diferentes para los dos contaminantes estudiados. El dióxido de nitrógeno mostró una asociación consistente con tiempos de llegada más lentos: 1,43 minutos adicionales por cada 1 µg/m³ en hombres y 1,56 minutos en mujeres.
En cambio, las PM2.5 no mostraron una asociación estadísticamente significativa una vez realizados los ajustes del modelo.
Esto es importante porque tampoco sería correcto resumir el estudio diciendo simplemente que “la contaminación empeora el maratón”. El resultado aparece con claridad para el NO₂ dentro de este análisis; no ocurrió lo mismo con las partículas finas.
El estudio completo utilizó concentraciones de NO₂ que oscilaron aproximadamente entre 2,8 y 32,3 µg/m³. Si en lugar de mirar cada unidad comparamos el percentil 25 con el 75 de exposición —5,2 frente a 10,3 µg/m³—, el modelo estimó unos 7,3 minutos adicionales en hombres y 7,9 en mujeres.
Y aquí aparece la principal precaución: esos siete minutos son una diferencia estadística estimada entre condiciones ambientales de la muestra. No significa que un corredor que hoy hace 3:30 vaya a hacer automáticamente 3:37 si el NO₂ aumenta cinco unidades.
El efecto fue mucho mayor entre los corredores más lentos
Uno de los resultados más interesantes aparece cuando los investigadores separaron a los participantes por nivel de rendimiento.
Entre los corredores del grupo más rápido, la asociación fue de aproximadamente 0,34 minutos por cada µg/m³ de NO₂. En el extremo más lento llegó a 2,12 minutos.
En términos absolutos, la diferencia es aproximadamente seis veces mayor. Y el efecto no desapareció al expresarlo como porcentaje del tiempo medio: pasó de alrededor del 0,18% entre los más rápidos al 0,67% entre los corredores recreativos de la parte posterior del pelotón.
Los autores plantean varias posibles explicaciones, pero conviene tratarlas como hipótesis. Una de ellas es especialmente intuitiva: quien necesita cuatro o cinco horas para completar el maratón permanece expuesto al ambiente durante mucho más tiempo que quien termina poco después de dos horas.
También plantean que la preparación fisiológica de los atletas de alto nivel podría proporcionar cierta protección ante el estrés añadido, aunque este estudio no puede demostrar que ese sea el mecanismo responsable.
Más tiempo en carrera significa también más tiempo respirando ese aire
Durante ejercicio intenso aumenta considerablemente nuestra ventilación. Movemos mucho más aire por minuto que cuando estamos sentados y, por tanto, potencialmente también aumenta la cantidad de contaminantes que entra en el sistema respiratorio.
Para un corredor popular aparece además la duración. No necesitamos asumir que cada minuto adicional de carrera produce una dosis exactamente proporcional para entender el principio: dos personas expuestas a un ambiente parecido durante dos y cuatro horas no tienen necesariamente la misma exposición acumulada.
Eso hace especialmente interesante el resultado de los populares, aunque tampoco demuestra por sí solo que la duración sea la causa de la diferencia observada.
El estudio es enorme, pero sigue siendo observacional
Dos millones y medio de resultados impresionan. Pero una muestra enorme no convierte automáticamente una asociación en causalidad.
Los investigadores no controlaron experimentalmente la contaminación de una misma carrera y observaron después qué ocurría con los mismos corredores. Compararon maratones disputados en ciudades, años y condiciones diferentes.
El modelo intentó controlar variables importantes como el calor, el viento y la evolución temporal, pero siguen existiendo factores relacionados entre sí que son difíciles de separar completamente.
Además, la exposición no se midió individualmente. A cada edición del maratón se le asignaron concentraciones ambientales obtenidas del sistema CAMS. Por tanto, el modelo trabaja fundamentalmente con diferencias entre eventos, no con la cantidad exacta de NO₂ que respiró cada uno de los 2,7 millones de corredores.
Un participante puede haber estado en una zona diferente del cajón, atravesar una calle en otro momento del día o experimentar condiciones locales distintas. Ninguno llevaba un sensor personal de contaminación que permitiese conocer su dosis real durante los 42,195 kilómetros.
Por eso no deberíamos convertir 1,43 minutos en una calculadora
Imaginemos que el pronóstico anuncia 10 µg/m³ más de NO₂ que otro día. Multiplicar simplemente 10 × 1,43 y concluir que un corredor perderá 14 minutos sería utilizar el estudio de una manera que sus datos no permiten.
Ese coeficiente representa una asociación poblacional obtenida mediante un modelo estadístico. No es una constante fisiológica comparable a convertir kilómetros por hora en ritmo por kilómetro.
La incertidumbre aparece incluso dentro del propio resultado: el intervalo de confianza para los hombres va aproximadamente de 0,66 a 2,21 minutos por µg/m³ y en mujeres de 0,63 a 2,48.
El mensaje científico es que, dentro de esta enorme muestra, los días y pruebas con más NO₂ tendieron a asociarse con distribuciones de tiempos más lentas. El mensaje no es que sepamos exactamente cuántos segundos perderá mañana una persona concreta.
La contaminación tampoco actúa aislada del resto del ambiente
Cualquier corredor que haya preparado un maratón sabe que la meteorología puede modificar por completo una carrera. Temperatura, humedad, viento y radiación cambian la termorregulación y el ritmo sostenible.
Precisamente por eso los autores ajustaron sus análisis por variables meteorológicas. Y es también la razón por la que no deberíamos observar un índice de contaminación ignorando todo lo demás.
Hace unos días analizábamos en Trigloberos hasta qué punto la aclimatación al calor puede transferirse entre ambientes diferentes. En ambos casos aparece la misma idea: el entorno forma parte del rendimiento, pero no existe una única variable ambiental capaz de explicar por sí sola cómo irá una carrera.
¿Qué puede hacer entonces un corredor?
Consultar la calidad del aire.
Especialmente antes de sesiones muy largas o intensas en zonas urbanas con episodios de contaminación elevados.
No convertir el dato en minutos.
El índice de calidad del aire puede ayudarnos a decidir dónde o cuándo entrenar, pero este paper no permite calcular una penalización personal.
Recordar la duración.
Un maratón de cuatro horas implica una exposición prolongada. El corredor popular no debería considerar la contaminación un problema exclusivo de los élite.
Integrarlo con el resto del contexto.
Calor, viento, humedad, estado físico y estrategia de ritmo siguen importando muchísimo.
Y eso último conecta directamente con el pacing. Si las condiciones ambientales empeoran, mantener obstinadamente el ritmo previsto puede resultar bastante menos inteligente que adaptar el esfuerzo a lo que está ocurriendo realmente.
Para los organizadores, el estudio puede ser incluso más relevante
La aplicación quizá no esté únicamente en el corredor. Los autores plantean que la calidad del aire debería empezar a considerarse junto a temperatura y humedad al planificar grandes eventos urbanos.
Los World Marathon Majors movilizan decenas de miles de personas durante varias horas y atraviesan ciudades en las que tráfico, cortes y políticas temporales de movilidad pueden modificar las emisiones locales.
El estudio no demuestra qué medida concreta debería adoptar una organización, pero sí proporciona una razón adicional para que la contaminación forme parte de la planificación ambiental de una carrera.
Una muestra gigantesca no elimina la necesidad de interpretar bien el resultado
Este trabajo tiene una fortaleza difícil de discutir: reunir 2,7 millones de resultados de las pruebas de maratón más importantes del mundo permite detectar patrones que serían imposibles de observar en un experimento con treinta corredores.
Pero ocurre algo parecido a lo que vimos recientemente en Trigloberos al analizar el riesgo de lesión durante una preparación de maratón: una asociación potente a nivel de grupo no se convierte automáticamente en una predicción precisa para una persona.
La ciencia puede decirnos que determinadas condiciones se relacionan con más riesgo o peor rendimiento en una población enorme y seguir siendo incapaz de decir exactamente qué ocurrirá con Iván, María o Pedro el domingo.
La conclusión interesante no es que cada microgramo de NO₂ nos robe minuto y medio. Es que, después de ajustar por varios factores meteorológicos y analizar 2,7 millones de resultados, los maratones disputados con más dióxido de nitrógeno tendieron a ser más lentos, y la asociación fue especialmente fuerte entre los corredores populares.
Eso convierte la calidad del aire en otra variable que merece nuestra atención cuando entrenamos y competimos en grandes ciudades.
Pero entre detectar una asociación poblacional y convertirla en un cronómetro personal todavía queda una distancia bastante mayor que 42 kilómetros.











