Una semana al límite
Sam Laidlow llegó a Roth con una mezcla de frustración, dudas y necesidad de reafirmarse. “Panic training”, así describió su preparación de último momento: una salida de 4 horas en bicicleta seguida por una carrera de 1 hora. Todo eso, a solo cuatro días del triatlón más emblemático de Europa.
El francés, campeón mundial en 2023, atravesó una previa plagada de obstáculos: una intoxicación alimentaria que lo dejó fuera de juego dos días y un resfriado que contrajo de su pareja. «Pensé que todo se estaba alineando para complicarme la vida«, confesó.
Pero lejos de dejarse vencer, Sam se apoyó en lo emocional. “He estado tan abajo que ahora simplemente aprecio estar sano. Y valoro este trabajo que tenemos, lo increíble que es compartirlo con mi familia y mi novia en un lugar como Roth”.
Entre sesiones suaves de natación, ajustes en la bicicleta, compromisos con patrocinadores y cientos de selfies con fans, se fue enfocando. “No tengo nada que demostrarle a nadie. Este Ironman es una prueba personal, necesito saber si puedo volver a competir al más alto nivel”.
La víspera del evento fue intensa. Desde las 10:00 hasta las 16:00 preparó cada detalle: bidones, zapatos, dorsales, casco, bici. “Todo tiene que estar perfecto. Sientes que vas a la guerra, y cuanto más te prepares, mejor para que todo fluya”.

Un día épico
El domingo comenzó con calma. Sam se sentía bien, motivado y listo. La salida fue fuerte. Durante la natación creyó estar liderando, pero no sabía que Jonas Schomburg se había escapado desde el primer momento. “En el kilómetro 7 de la carrera a pie me doy cuenta de que va adelante. Mi primera reacción fue pensar que había cortado el recorrido”, reconoció con humor.
En el segmento de ciclismo, Sam optó por observar el grupo y regularse. Al notar poca intensidad, atacó tras 50 minutos de pedaleo y marcó una diferencia momentánea. Sin embargo, Jonas seguía adelante. “Nunca vi tantas luces apagadas en el RaceRanger. Había mucho respeto en el pelotón”, comentó.
Ya en la maratón, apostó a la constancia: 3:44 min/km sostenidos durante gran parte del recorrido. Jonas lideraba con 3 minutos de ventaja al km 21, pero comenzó a caer. Sam mantuvo su paso, lo alcanzó en el km 30 y lo superó. “Sabía que podía ganarle, pero también sabía que cualquier fallo me costaría caro”.
Los últimos 3 km fueron una lucha interna. “Pensé que ni siquiera iba a tener fuerzas para celebrar”, dijo. Sin embargo, el recibimiento en el estadio lo empujó. Cruzó la meta como campeón y abrazó emocionado a Felix, organizador del evento.
“Estuve a punto de no correr. Le había escrito a mi padre y a mi equipo que me bajaba. Me convencieron de intentarlo. Hoy sé que tenían razón. Esta victoria es para ellos”, afirmó, visiblemente conmovido.
Más allá del resultado, Sam subrayó el significado emocional del triunfo: “Esto es más que rendimiento. Mi abuelo entrenó a mi padre y a mi tío. Ellos no llegaron a ser profesionales, pero me pasaron su experiencia. Quizás algún día mis hijos sigan este legado. Es un sueño que tengo: ser la familia más influyente en la historia del triatlón”.
Challenge Roth no es solo una carrera para él: “Es un evento que hay que vivir una vez en la vida. Es más que deporte. Es historia, comunidad y emoción pura. Tuve la suerte de ganarlo este año. Y quiero volver para ganarlo muchas veces más”.











