Ser demasiado rápido para Strava parece un problema bastante agradable hasta que el algoritmo decide que quizá no ibas en bicicleta.
Algo parecido le ocurrió a Paul Seixas después de ganar Il Lombardia. La historia la conocimos a través de Brujulabike, que contó cómo ocho de los esfuerzos registrados por el francés fueron inicialmente excluidos de los rankings de segmentos de Strava porque el sistema los consideró poco compatibles con una actividad realizada normalmente y sin asistencia.
La subida al Civiglio ayuda a comprender el problema. Seixas completó la ascensión aproximadamente en 11:54-11:55, unos 38 segundos por debajo de la referencia que había dejado Tadej Pogačar en 2022. En uno de los segmentos hizo 8:45 frente a los 9:09 del esloveno. Las cifras difundidas alrededor de su ascensión situaban además el esfuerzo en el entorno de los 7 W/kg.
Conviene poner inmediatamente un freno a la épica. No estaba superando al Pogačar de 2026, sino comparándose con un registro suyo de 2022, y otros ciclistas de la carrera también mejoraron algunos tiempos anteriores.
Y, sobre todo, Seixas no había hecho nada extraño. Según informó posteriormente AS, los registros terminaron siendo revisados y revalidados.
La anécdota podría terminar ahí: Strava pensó que un profesional iba en moto, todos nos reímos y mañana hablamos de otra cosa.
Pero hay una pregunta bastante más interesante detrás: ¿cómo decide realmente Strava que tú ibas en bicicleta y no en coche, en una e-bike, en un patinete o simplemente con el GPS haciendo cosas raras?
Primero: ¿qué demonios es un KOM?
Un segmento de Strava es simplemente una sección concreta de una ruta definida entre dos puntos GPS. Puede ser un puerto entero, una cuesta de quinientos metros, una recta, una bajada, un tramo de carrera o incluso una sección de natación en aguas abiertas.
Cada vez que una actividad coincide con ese recorrido, Strava calcula cuánto has tardado.
El KOM —King of the Mountain— es el mejor tiempo absoluto registrado en un segmento de ciclismo masculino. QOM cumple la misma función en la clasificación femenina y CR se utiliza en otros casos. Además están los Top 10, los Local Legends y, para mí bastante más importantes, nuestros PR o récords personales.
Y aquí Strava hizo algo extremadamente inteligente desde el punto de vista de producto: convirtió cualquier carretera perdida detrás de tu casa en una pequeña competición.
Da igual que no haya dorsal, jueces ni línea de meta. Si alguien creó un segmento, existe una clasificación.
Y si existe una clasificación, tarde o temprano alguien querrá ser primero.
Strava no tiene un policía mirando tu actividad: tiene un algoritmo
Durante años, la detección de esfuerzos absurdos era bastante más rudimentaria. Strava explica que utilizaba reglas capaces de localizar, por ejemplo, rendimientos superiores a récords mundiales conocidos o ascensiones directamente sobrehumanas.
El problema es evidente. No hace falta batir un récord mundial para contaminar un leaderboard.
Un señor puede terminar su salida, meter la bicicleta en el coche, olvidarse de apagar el Garmin y llevarse cuatro KOM camino de casa. Alguien puede registrar una salida en e-bike como bicicleta convencional. Otro puede guardar una ruta de ciclismo como carrera a pie. Y un GPS puede decidir durante unos segundos que hemos aprendido a teletransportarnos.
Por eso Strava pasó a utilizar modelos de machine learning entrenados con actividades previamente clasificadas. Y aquí aparece un detalle especialmente interesante: años de usuarios denunciando actividades han proporcionado precisamente el enorme conjunto de ejemplos que permite enseñar al sistema qué suele parecer normal y qué suele parecer sospechoso.
Strava ha explicado que su sistema analiza 57 factores diferentes. Entre los que ha hecho públicos están la velocidad y la aceleración. No ha publicado la receta completa ni los límites que utiliza para decidir cuándo una actividad deja de parecer humana.
Eso último es importante. No existe una regla pública del estilo “más de 65 km/h cuesta arriba = moto”. El modelo trabaja con combinaciones de características y probabilidades.
Y eso permite comprender lo ocurrido con Seixas: un deportista de élite puede convertirse precisamente en ese caso estadístico extraño que un sistema diseñado para localizar anomalías tiene dificultades para clasificar.
Entonces, ¿Strava realmente sabe que vas en moto?
No exactamente.
El algoritmo no observa una fotografía y descubre un tubo de escape. Recibe una actividad y analiza patrones que pueden ser compatibles con un vehículo, con el deporte equivocado, con asistencia eléctrica o con datos GPS poco creíbles.
Strava reconoce expresamente que su sistema intenta detectar actividades grabadas dentro de vehículos, salidas de bicicleta cargadas como carrera y e-bikes registradas como bicicletas convencionales.
También analiza partes de la actividad. Eso permite que no tenga necesariamente que invalidar todo el entrenamiento. Algunos esfuerzos concretos pueden quedar excluidos de los rankings si parecen improbables, mientras el resto de la actividad continúa siendo perfectamente válido.
Eso es precisamente lo que hace el caso Seixas más interesante que un simple “le borraron la ruta”.
Velocidad y aceleración sí; tus vatios no son imprescindibles
Podríamos pensar que la forma sencilla de comprobarlo sería mirar potencia, frecuencia cardiaca y cadencia. Si alguien sube un puerto a 45 km/h pero marca 0 vatios, parece bastante sospechoso.
El problema es que millones de deportistas no utilizan potenciómetro. Otros no llevan pulsómetro. Algunos dispositivos envían cadencia y otros no.
Strava reconoce esta dificultad y asegura que sus sistemas están diseñados para poder funcionar aunque el usuario no disponga de sensores caros.
Por tanto, tener potencia, pulso o cadencia puede aportar contexto cuando existe, pero el sistema no puede basar la validez de un KOM en que tengamos un potenciómetro de 700 euros.
La señal GPS sigue siendo fundamental. De ella pueden obtenerse recorrido, tiempo, velocidad y aceleraciones, y también pueden aparecer errores como saltos de posición, pérdidas de señal o puntos que hacen parecer que hemos recorrido una distancia imposible en apenas unos segundos.
¿Y si voy en bicicleta eléctrica?
Aquí Strava lo tiene bastante claro: una e-bike no debe competir en el mismo leaderboard que una bicicleta convencional.
Existe un tipo específico de actividad denominado E-Bike Ride y las actividades eléctricas tienen sus propias clasificaciones. Strava ha ido mejorando precisamente la detección automática de e-bikes guardadas incorrectamente como salidas convencionales.
Si el sistema sospecha que una actividad registrada como bicicleta convencional corresponde realmente a una e-bike, puede pedir al usuario que confirme el tipo de actividad.
Y sí: confiar en que quien acaba de conseguir el KOM imposible pulse sinceramente “era una e-bike” introduce también un pequeño componente de fe en la humanidad.
¿Y si voy en patinete?
El patinete eléctrico presenta un caso curioso. Strava tiene multitud de tipos de deporte —incluidos e-bike, velomóvil, skateboard o patinaje—, pero actualmente no aparece un tipo específico de patinete eléctrico entre sus actividades admitidas.
Lo que está claro es que un desplazamiento motorizado no puede subirse como “Ride” y competir contra bicicletas convencionales.
Si alguien recorre una subida en patinete eléctrico, la guarda como bicicleta y el patrón resulta suficientemente extraño, puede terminar detectada automáticamente o denunciada por otro usuario.
La aplicación no necesita saber necesariamente si aquello era un patinete Xiaomi, una moto o un coche. Para proteger el ranking le basta con considerar que los datos no son compatibles con el tipo de actividad declarado.
¿Y la típica carrera a pie que en realidad se hizo en bicicleta?
Es uno de los ejemplos que la propia Strava utiliza para explicar su sistema.
Los leaderboards están separados por deportes. Una carrera solo compite contra carreras y una bicicleta contra bicicletas.
Una persona que registra 10 kilómetros corriendo a 2:00/km quizá sea Eliud Kipchoge en un día espectacular. O quizá haya seleccionado mal el deporte y estuviera montando en bicicleta.
El reto para el algoritmo consiste precisamente en no castigar al primero intentando localizar al segundo.
¿Y si acabas de entrenar y te vas a casa en coche sin apagar el GPS?
Probablemente sea una de las fuentes clásicas de KOM absurdos.
Terminas de montar, guardas la bicicleta, arrancas el coche y diez minutos después descubres que el reloj sigue grabando.
Strava permite recortar esas partes de una actividad. Si el tramo problemático aparece en mitad del archivo, también puede dividirse la actividad y eliminarse la sección incorrecta.
Hay una diferencia importante entre esto y hacer trampas deliberadamente: un leaderboard incorrecto no implica necesariamente un tramposo.
Puede ser una e-bike mal etiquetada. Puede ser el coche. Puede ser un error GPS. Puede ser el deporte equivocado. Puede ser simplemente alguien que ni siquiera sabe que acaba de quitarle un KOM a otra persona.
¿Se puede denunciar un KOM que parece falso?
Sí. El algoritmo no trabaja solo.
Strava mantiene un sistema de flagging comunitario mediante el que un usuario puede denunciar una actividad con datos GPS incorrectos, asistencia motorizada o deporte equivocado.
Después el esfuerzo deja de aparecer en la clasificación mientras se resuelve la incidencia.
El usuario afectado puede corregir el tipo de actividad, recortar la parte grabada dentro de un vehículo, solucionar determinados problemas o pedir una revisión cuando considera que el esfuerzo es legítimo.
Esto último importa especialmente en casos como el de Seixas: un algoritmo puede considerar anormal algo simplemente porque es extraordinario.
Los profesionales son exactamente el tipo de persona que puede romper el algoritmo
Los sistemas de detección de anomalías tienen un problema casi filosófico cuando se aplican al deporte de élite.
Buscan comportamientos que se alejan mucho de lo habitual.
Pero el trabajo de un deportista profesional consiste precisamente en alejarse muchísimo de lo habitual.
Un ciclista WorldTour de 60 y pocos kilos que produce potencias extraordinarias después de 200 kilómetros está haciendo algo que, comparado con los millones de ciclistas recreativos que alimentan una plataforma como Strava, se parece bastante a una anomalía.
Strava asegura que uno de sus objetivos al desarrollar estos modelos es minimizar los falsos positivos para no castigar actuaciones legítimas y extraordinarias.
Seixas acaba de ofrecer un buen ejemplo de por qué nunca podrán desaparecer completamente.
Hay cosas que Strava admite que todavía no sabe distinguir bien
Esta es probablemente la parte más interesante para quienes nos obsesionamos mirando los tiempos.
El propio equipo de ingeniería de Strava reconoce que existe información contextual que sus sistemas no pueden interpretar de forma fiable.
No siempre saben si ibas a rueda, si tenías un vendaval de cola o si estabas dentro de un pelotón. También reconocen dificultades específicas con determinados escenarios, como los velódromos.
Y eso cambia bastante la forma en la que deberíamos interpretar un KOM.
Dos ciclistas pueden hacer el mismo segmento y no estar compitiendo en las mismas condiciones
Imaginemos una recta de cinco kilómetros.
Un día la hago solo, con viento ligeramente de cara. Otro ciclista la hace dentro de una grupeta de veinte personas y viento favorable. Los dos recorridos son completamente legales para Strava y ambos pueden entrar en el mismo leaderboard.
Pero fisiológicamente no estamos comparando lo mismo.
La ventaja aerodinámica de rodar protegido puede ser enorme. En triatlón hablamos continuamente de ello cuando discutimos sobre qué significan realmente los 12 metros y cuánto se puede ahorrar rodando a rueda. En Strava, ir dentro de una grupeta no invalida el KOM.
A eso añadamos viento, temperatura, densidad del aire, estado del asfalto, tráfico, curvas, bicicleta, neumáticos, aerodinámica, peso corporal, forma física y hasta lo fresco que llegas al inicio del segmento.
El cronómetro da un número tremendamente preciso.
Eso no significa que la comparación también lo sea.
¿Y si vas detrás de una moto?
Ahí sí cambia la cosa.
Strava considera el motor pacing —rodar deliberadamente a rebufo de un vehículo motorizado— como asistencia externa incompatible con la integridad de los leaderboards.
La plataforma indica que ese tipo de actividad debería mantenerse fuera de las clasificaciones públicas.
Es una distinción curiosa: rueda de veinte ciclistas, válido; rueda de una moto, no válido.
Desde el punto de vista reglamentario tiene sentido. Desde el punto de vista de utilizar un KOM como comparación pura de rendimiento físico, vuelve a demostrarnos que las clasificaciones de segmentos no son un laboratorio.
¿Hay gente capaz de hacer trampas por un KOM?
Strava ha tenido que invertir bastante dinero en intentar que sus clasificaciones sean creíbles. Eso ya da alguna pista sobre la dimensión del problema.
En diferentes limpiezas de sus bases de datos ha retirado millones de actividades anómalas. En 2025 reprocesó rankings de carrera y eliminó 4,45 millones de actividades problemáticas. En enero de 2026 hizo algo similar en ciclismo y retiró otros 3,9 millones de los leaderboards analizados.
Eso no quiere decir que haya millones de personas cogiendo la moto para robar un KOM.
Dentro de esas cifras entran muchos errores, deportes mal seleccionados, e-bikes, vehículos, archivos corruptos y problemas GPS.
Pero sería bastante ingenuo pensar que nadie manipula un archivo o utiliza deliberadamente una ayuda para conseguir una corona virtual. De hecho, las propias reglas de Strava prohíben expresamente modificar datos GPS para mejorar artificialmente los tiempos y advierten de posibles sanciones para quien lo haga repetidamente.
Al final hemos conseguido algo bastante humano: inventar una competición en la que no hay premio económico, no hay dorsal y posiblemente no conozcas personalmente al resto de participantes… y aun así necesitar un sistema antifraude.
Yo sí me pico con los segmentos
Y aquí tengo que reconocer mi parte de culpa.
A mí me gustan los segmentos. Termino una salida, veo un PR y me hace gracia. Si en una subida que llevo haciendo años consigo mi mejor tiempo, me interesa. Incluso puedo utilizarlo como pequeña referencia para saber si estoy mejorando.
Porque ahí la comparación empieza a tener cierto sentido.
Yo contra mí mismo.
Seguirá habiendo diferencias de viento, bicicleta, peso, compañía o fatiga, pero si repetimos suficientes veces un recorrido conocido, esos segmentos pueden convertirse en una referencia divertida de nuestra evolución.
Otra cosa es mirar el KOM absoluto y concluir que quien está treinta segundos por delante está necesariamente más fuerte que nosotros.
Quizá iba en un grupo. Quizá tenía viento favorable. Quizá aquel día cerraron el tráfico por una carrera. Quizá llevaba una bicicleta muchísimo más rápida. Quizá pesa quince kilos menos y el segmento tiene un 12 %. O quizá, sencillamente, es muchísimo mejor ciclista.
Strava nos da el tiempo.
No nos da todo el contexto.
El KOM vive un poco de nuestro ego
Y probablemente por eso funciona tan bien.
Una corona amarilla no sirve para seleccionar un equipo profesional. Tampoco demuestra quién tiene más FTP ni quién ganaría una carrera. Ni siquiera garantiza que dos tiempos se consiguieran en condiciones razonablemente comparables.
Pero convierte una cuesta cualquiera de Torrejón, Madrid, Como o donde sea en algo que podemos intentar conquistar.
Eso es divertido mientras no confundamos el juego con una prueba científica de nuestro nivel como deportistas.
Personalmente seguiré mirando mis PR. Seguiré alegrándome cuando aparezca una medallita después de una salida y seguramente seguiré pensando antes de algún segmento que hoy podría mejorar mi tiempo.
Pero cuanto más entreno y más datos veo, menos sentido encuentro a utilizar el tiempo de un desconocido como medida de mi propio rendimiento.
Al final, la referencia que más debería motivarnos sigue siendo bastante menos espectacular que una corona de Strava: hacer las cosas un poco mejor que nosotros mismos hace unos meses.
El KOM está muy bien para jugar.
Y para alimentar un poquito el ego.
Hasta que eres Paul Seixas, vas tan rápido que el algoritmo piensa que llevas motor y te lo quita.











