El canadiense Lionel Sanders, uno de los triatletas más carismáticos y competitivos del circuito internacional, ha compartido una confesión que desnuda una de las amenazas silenciosas del alto rendimiento: el Relative Energy Deficiency in Sport (RED-S), o déficit energético relativo en el deporte.
No se trata de un simple descuido en la dieta. En el caso de Sanders, fue un desequilibrio sostenido entre el gasto y la ingesta calórica que, según él mismo relata, terminó por fracturar algo más que huesos: interrumpió temporadas, afectó su salud y puso en riesgo su progresión deportiva.
Dos fracturas en 14 meses
En apenas un año y dos meses, Sanders sufrió dos fracturas por estrés en el sacro. Este hueso, parte fundamental de la estructura pélvica, es uno de los más resistentes del cuerpo humano. Sin embargo, su ubicación lo expone a cargas constantes y su tejido, conocido como “hueso esponjoso”, tiene un alto recambio metabólico, lo que lo hace más vulnerable cuando el cuerpo no recibe la energía suficiente para regenerarse.
A estos episodios se sumó una lesión aún más inusual: una fractura de costilla, ocurrida sin un golpe directo ni un volumen de natación que justificara semejante daño. El diagnóstico médico, junto con análisis hormonales, apuntó a un origen común: déficit energético crónico.
Un gasto que no se cubría
Sanders detalla que en jornadas de entrenamiento intenso su gasto podía alcanzar o superar las 7.000 calorías. El problema es que rara vez llegaba a reponer esa cifra. El cuerpo, en esas condiciones, prioriza funciones vitales y reduce otras “prescindibles” a corto plazo, como la regeneración ósea y muscular o la producción hormonal.
“Puedes dormir todo lo que quieras, pero sin energía no hay reparación”, afirma. “Y si no te reparas, no te recuperas. Y si no te recuperas, te rompes”.
Los análisis clínicos respaldaban su sensación: niveles bajos de testosterona, hierro, hormonas tiroideas y estrógeno, junto con fatiga persistente, sueño interrumpido y problemas de recuperación tras el esfuerzo.

El error de confundir calidad con cantidad
Durante años, Sanders creyó que el problema estaba en la calidad de su alimentación. Eliminó procesados, mejoró la selección de alimentos… pero, sin darse cuenta, redujo también el total de calorías ingeridas.
“Quería comer más sano, y eso es bueno. Pero al hacerlo, también comía menos. Y si entrenas como un profesional y comes como un aficionado, algo se rompe”, explica.
El resultado fue una paradoja: entrenamientos de menor volumen, lesiones más frecuentes y la imposibilidad de encadenar largos periodos de trabajo sin interrupciones.
El cambio de enfoque
Hoy, Sanders ha reformulado su estrategia. Antes de empezar el día, calcula de forma aproximada el gasto calórico que tendrá en sus sesiones y planifica cómo cubrirlo. Si prevé un entrenamiento de 5.500 calorías, se asegura de haber consumido 4.500 antes de la cena, para evitar un atracón nocturno y mejorar su sueño.
En este nuevo enfoque entran calorías líquidas, comidas más densas y una distribución que prioriza el aporte energético durante las horas de actividad. “Se trata de anticipar, no de ir a remolque del déficit”, afirma.
Un problema más frecuente de lo que parece
Las fracturas por estrés son comunes en triatlón y atletismo de fondo. Sin embargo, el RED-S sigue siendo un factor poco visible en la conversación pública, en parte porque no todos los atletas lo padecen de igual forma.
Algunos, como explica Sanders, regulan su ingesta de forma natural y mantienen un balance sin necesidad de seguimiento estricto. Otros, en cambio, necesitan registrar cada entrenamiento y cada comida para evitar caer en un déficit crónico.
“Entrenar duro no es suficiente”, sentencia. “La clave está en darle al cuerpo lo que necesita para asimilarlo y volver más fuerte al día siguiente. Sin eso, la constancia se rompe”.
Un mensaje más allá del triatlón
Más allá de su experiencia personal, Sanders espera que su historia sirva para que otros atletas —profesionales o amateurs— reflexionen sobre la relación entre entrenamiento, alimentación y recuperación. “Esto no es un consejo, es mi experiencia. Y si a alguien le evita una lesión o un bajón de rendimiento, habrá valido la pena contarlo”.











