Un regreso inesperado
Hace apenas unos meses, Hayden Wilde estaba fuera de los focos tras un accidente que le dejó varias costillas rotas. Muchos dudaban de si volvería a competir en 2025. Sin embargo, su victoria en el T100 de Londres no solo disipó esas dudas, sino que marcó el inicio de una nueva etapa: Wilde ha decidido romper con el modelo clásico de un único entrenador y ha armado un cuerpo técnico de tres especialistas, cada uno de talla mundial.
El movimiento no ha pasado desapercibido en el mundo del triatlón. Algunos lo ven como una apuesta revolucionaria; otros, como un riesgo difícil de gestionar.
El “dream team” de Wilde
- Ciclismo: Javier Sola, preparador con experiencia en alto nivel internacional.
- Natación: Fred Vermogen, entrenador de Summer McIntosh, récord mundial en 200, 400 y 400 estilos.
- Carrera a pie: Gary Lough, pareja y entrenador de Paula Radcliffe y responsable de gran parte de la carrera de Mo Farah.
Este trío sustituye al neozelandés Craig Kirkwood, su técnico desde 2016. La idea es clara: maximizar cada disciplina con un especialista.
Las luces del modelo
La profesionalización del triatlón, impulsada por circuitos como la PTO y el T100, ha abierto la puerta a estructuras cada vez más cercanas al ciclismo o el atletismo de élite.
- Especialización absoluta: cada área se trabaja con la precisión de un deporte olímpico individual.
- Transferencia de conocimiento: Wilde puede aplicar los métodos que han llevado a McIntosh o Farah a la cima de sus disciplinas.
- Potencial de mejora: en un deporte donde cada segundo cuenta, la posibilidad de pulir técnica y táctica en cada segmento puede marcar la diferencia.
“Los triatletas de larga distancia pasan tanto tiempo en la bici que hay mucho que ganar o perder en esa disciplina”, recuerda Dan Lorang en declaraciones a Triathlete. De ahí que la tendencia de buscar técnicos externos, sobre todo en ciclismo, se haya disparado.

Las sombras de la especialización
Pero no todo es optimismo. La otra cara del debate apunta a los riesgos de este modelo:
- Coordinación compleja: “Si un atleta tiene un entrenador para natación, otro para ciclismo, otro para carrera y otro de fuerza, controlar la carga se vuelve muy difícil. No digo que no funcione, pero complica todo”, advierte Dan Lorang, entrenador de Jan Frodeno y Lucy Charles-Barclay.
- Egos y comunicación: sin una figura central que unifique el plan, los entrenadores pueden entrar en conflicto de prioridades.
- Riesgo de fragmentación: un técnico global suele aportar coherencia al entrenamiento, algo que puede perderse en un esquema fragmentado.
¿Un modelo solo para la élite?
La apuesta de Wilde también refleja la distancia entre la élite y el resto del triatlón. Mientras los mejores pueden costear equipos multidisciplinares, la mayoría de triatletas —incluso profesionales— siguen dependiendo de un único entrenador.
En foros de aficionados, algunos apuntan que invertir en entrenadores especializados, aunque solo sea en natación, ha supuesto mejores resultados que un coaching generalista. Sin embargo, para la gran mayoría, replicar el modelo de Wilde es inviable.
La decisión de Hayden Wilde marca un antes y un después en el debate sobre cómo entrenar al máximo nivel en triatlón. Su equipo técnico es, probablemente, uno de los más potentes del deporte, pero su eficacia dependerá de la capacidad de integrar las piezas de un puzle complejo.
Si el neozelandés logra mantener la coherencia y los resultados, este modelo podría convertirse en un referente para la próxima generación de triatletas. Si no, será la prueba de que, en un deporte tan integral, tener demasiados especialistas puede acabar complicando más de lo que ayuda.
¿Estamos ante una nueva tendencia que cambiará la forma de entrenar en la élite o ante un caso aislado difícil de replicar?











