El belga Marten Van Riel, una de las estrellas del triatlón, nos abre las puertas de su rutina en Girona en un reciente vídeo, donde la lluvia no da tregua, los rodillos sustituyen al asfalto y la lasaña es el combustible perfecto.
Desayuno: Avena y una dura sesión de natación
Todo comienza con un ritual inamovible: un bol de avena mezclada con muesli de chocolate de Mercadona y leche de avena—en una proporción 50-50. «Este es el pesaje previo», comenta Van Riel, un pequeño gesto que marca el inicio del día.
La sesión de natación es exigente: 450 metros rápidos seguidos de 4 series de 400 metros, aumentando el ritmo hasta bajar de 4’35”. «Nunca miro mi TrainingPeaks antes de entrenar», confiesa, prefiriendo adaptarse sobre la marcha. Al final, la sensación es buena: «Fue decente».
La carrera del mediodía: Luchando contra la lluvia de Girona
Al llegar el mediodía, el tiempo empeora. «Está diluviando—otra vez», suspira Van Riel, retrasando su carrera hasta las 12:30. Viste una camiseta negra y calcetines con «el mínimo blanco posible» (pronto embadurnados de barro) y sale a rodar una hora suave con cinco aceleraciones de 15 segundos. «Para correr no me importa, pero en bici… lo odio».
Su zapatero está lleno, pero él solo usa un modelo: las Nike Vomero 17. «Cuando encuentro unas que me gustan, compro cinco o seis pares y las voy rotando». La lluvia no perdona, y la practicidad gana a la variedad.
Preparación de calor en el rodillo: Plan B ante el mal tiempo
Con la carretera impracticable, Van Riel opta por 90 minutos de calor en el rodillo. «¿Dónde está el sol? Quiero que me devuelvan el dinero», bromea, frustrado por las dos semanas seguidas de lluvia en Girona.
Se viste con capas y una chaqueta impermeable para aumentar la sudoración, imitando las condiciones de sus próximas carreras en Sudáfrica y Singapur. «El entrenamiento de calor aumenta el volumen de plasma sanguíneo, algo similar a lo que hace la altitud con los glóbulos rojos», explica. Pero lo más importante es «maximizar la dopamina»—con móvil, portátil y TV—para aguantar el aburrimiento.
Termina perdiendo 3,6 litros de sudor. «Las matemáticas ahora son difíciles. Mi cerebro está frito».
Recuperación: Lasaña y montañas de ropa sucia
La cena es sencilla: Vanessa, nutricionista y chef del equipo, le trae lasaña casera. «No me gusta cocinar», reconoce, mostrando su pila de ropa deportiva. «Si tienes energía para ordenar, es que no estás entrenando lo suficiente», sentencia.
El objetivo: 2025, un año de desafíos
Entre bocados, Van Riel repasa su ambicioso calendario para 2025:
- Ironman Sudáfrica (clasificatorio para el Mundial de Niza) → T100 Singapur (solo 7 días después).
- Campos de altitud en Sierra Nevada y Font-Romeu.
- Tres pruebas del T100 en junio (San Francisco, Vancouver y Fréjus).
«Es un sacrificio», admite, pero necesario para mantener vivas sus opciones en Ironman y el circuito T100. Tras un decepcionante 22º puesto en los JJOO de París, la larga distancia son ahora su prioridad: «Aquí es donde realmente pertenezco».
Reflexión final: La vida «Riel»
Llueva o brille el sol, la disciplina de Van Riel no flaquea. Ya sea corriendo bajo el aguacero o sudando en el rodillo, su mente está puesta en la siguiente meta. Como él mismo dice: «Puedes ganar carreras, pero si no te diviertes, no estás ganando en la vida».
Y por ahora, la diversión incluye lasaña, zapatillas embarradas y la esperanza de que el sol de Girona decida aparecer.











