Estamos viviendo la continuación de un boom en el running y demás deportes de resistencia. Cada vez hay más y más gente corriendo, en bici, haciendo trail… las carreras se petan. La última el Maratón de Sevilla que en 10 días ha vendido los 20.000 dorsales (3.000 más que la última edición). Cosas similares estaban pasando en otras carreras que han decidido implmentar un sistema de lotería, vease la Behobia.
Pero no es por aquí a donde quiero llegar, sino a un caso que me toca de cerca. En la familia para ser exactos. Mi hermano, que es un portento físico (al César lo que es del César), se ha apuntado a la carrera de Filípides en el Nervión. ¿Qué sucede? Pues que tan solo ha corrido dos medias maratones y sin preparárselas mucho, por no decir nada. 21 kilómetros que los hace con la gorra porque como he dicho, tiene un motor y una genética que ya quisieramos muchos.
Ya le pasó algo parecido cuando fuimos a la Quebrantahuesos, esa cicloturista por Pirineos a la que aconsejan llegar con tropecientos mil kilómetros sobre la bici ese año. Pues el niño llegó con mil justos, si eso. La hizo, disfruto y se le quedó corta.
Pero un maratón no es una cicloturista en la que descansas cuesta abajo. Un maratón son decenas de miles de zancadas, decenas de miles de impactos en cadera, rodilla y tobillo. No es lo mismo que salir en bici, que por pocos kilómetros que lleves ese año, el cuerpo recuerda de los anteriores y coge el tono antes.
¿Qué pasa ahora? Pues que un servidor está en modo Pepito Grillo y cada vez que hablamos le digo que tiene 4 meses para poner el chasis a tono. Que tiene que acostumbrar al cuerpo a correr y fortalecer el músculo y demás elementos para no romper. Que un maratón es un «Mata-hombres». Ya lo del ritmo vendrá cuando falten 14-16 semanas para la carrera.
Ejemplos como el de mi hermano, que sé que se lo va a preparar de aquella manera, no es la forma de afrontar algunas carreras. En su caso ir a un medio maratón sin apenas tocar las zapatillas de correr no tiene tanto riesgo. Es joven, hace deporte de forma regular, tiene fondo de armario. Puede salvar la papeleta aunque despues este dos días jurando cada vez que toque subir o bajar una escalera.
¿Pero un maratón? No, This is not the Way.
Este ejemplo es el práctico de cómo la sociedad se está saltando etapas. Como el que va directamente a un Ironman o a un 70.3 o T100. Luego, ¿qué hay después de cruzar la meta? En muchos casos la nada. El «reto» está hecho y vuelves al pádel. Porque no comprendes que hay deportes en el que el camino es más importante que el día de la carrera. Que el maratón, por hablar de una distancia concreta, es una escuela de vida, no por los 42 kilómetros finales, sino por aprender a levantarte pronto para hacer esa tirada larga y estar en casa cuanto antes. En aprender que puedes llevar a tu cuerpo un poco más allá de lo que creías con esas series. En saber «sufrir-disfrutar» del frío mientras ves amanecer. En descubrir que la ciudad en la que vives es otra a las 6 de la mañana o a las once de la noche. En que eres tú el que manda en tu cuerpo y sobre todo en tu cabeza.
El que no aprende estas cosas y muchas más, es simplemente un coleccionista de emociones fuertes y se pierde lo que de verdad importa.
This is the Way, o por lo menos yo lo creo así.











