Therese Johaug ha pasado buena parte de su vida competitiva con unos esquís en los pies. Tiene cuatro victorias olímpicas, 14 en Campeonatos del Mundo y más de cien triunfos individuales en Copa del Mundo.
El próximo 6 de diciembre se colocará en la salida del Maratón de Valencia para descubrir hasta dónde puede llegar corriendo durante 42,195 kilómetros.
Y hay motivos para prestar atención.
Johaug, que cumplió 38 años en junio, acaba de correr la media maratón de Copenhague en 1:08:43. Ahora ha confirmado que Valencia será su debut en la distancia y la organización la ha colocado en el grupo inmediatamente posterior al campo élite, reservado a ritmos correspondientes a marcas entre 2:20 y 2:29.
La anécdota tiene incluso un punto divertido: inicialmente le asignaron un cajón de 3:20-3:45 y tuvo que acreditar su resultado de Copenhague para que la recolocaran.
Pero el interés de la historia no está en el dorsal.
Está en comprobar cuánto de un deportista de resistencia excepcional puede trasladarse de un deporte a otro.
Primero, Johaug no es una esquiadora que acaba de descubrir el running
Conviene desmontar esa idea antes de convertir Valencia en un experimento que realmente no es.
Johaug lleva años corriendo a un nivel que la inmensa mayoría de atletas especializados jamás alcanzará. En 2019 fue campeona noruega de 10.000 metros con 32:20.86. En 2020 corrió 31:40.67 y en 2021 mejoró hasta 31:32.88.
Ese último registro está reconocido por World Athletics como su mejor marca de 10.000 metros.
Por tanto, el 1:08:43 de Copenhague no apareció de repente.
Lo novedoso es que ahora está empezando a orientar de manera mucho más específica hacia la carrera un motor construido durante décadas principalmente para otro deporte.
Y el esquí de fondo quizá sea uno de los mejores deportes desde los que intentar el salto
El esquí de fondo de élite exige una capacidad aeróbica extraordinaria. A diferencia del ciclismo o de la carrera, además, moviliza de manera muy intensa tanto el tren inferior como el superior.
Un estudio que comparó a las seis mejores esquiadoras de fondo del mundo con seis deportistas de nivel nacional encontró valores medios de VO2 pico cercanos a 70 ml/kg/min utilizando técnica diagonal entre las internacionales, aproximadamente un 10 % superiores a los del grupo nacional.
Son cifras propias de deportistas con una maquinaria central extraordinaria para transportar y utilizar oxígeno.
Y parte de esa maquinaria no entiende demasiado de esquís, zapatillas o bicicletas.
El corazón no sabe si estamos esquiando o corriendo. Una gran capacidad de bombeo, un alto volumen sanguíneo, adaptaciones hematológicas y años acumulando entrenamiento de resistencia pueden ser útiles en diferentes disciplinas.
Eso ayuda a explicar por qué algunos grandes deportistas aeróbicos cambian de disciplina y sorprendentemente pronto empiezan a rendir a un nivel enorme.
Además, los esquiadores ya corren mucho
Hay otra diferencia importante respecto a imaginar, por ejemplo, a un nadador que empieza de cero en la carrera.
Cuando desaparece la nieve, los esquiadores de fondo no dejan de entrenar resistencia.
Un estudio sobre las seis mejores esquiadoras de fondo del mundo encontró que durante los seis meses previos a la temporada el 39 % de su volumen se realizaba corriendo y el 44 % sobre esquís o rollerski.
Es decir: correr no era un complemento testimonial. Era uno de sus principales medios de entrenamiento.
Otro trabajo reciente con esquiadoras de selección nacional volvió a encontrar una presencia considerable de carrera durante la preparación anual.
Johaug cambia ahora el objetivo competitivo, pero sus piernas llevan muchos años sabiendo lo que es correr.
1:08:43 en media: ¿qué dice eso sobre Valencia?
Su media de Copenhague equivale aproximadamente a 3:15 por kilómetro.
Si aplicamos una de las fórmulas tradicionales de equivalencia, el conocido modelo de Riegel con exponente 1,06, el resultado proyecta aproximadamente un maratón de 2:23:16.
Media maratón de Copenhague.
Ritmo medio aproximado.
Proyección matemática sencilla a maratón.
Y aquí tenemos que hacer exactamente lo contrario a lo que hacen muchas calculadoras de Internet: no confundir una equivalencia con una predicción.
Johaug no ha corrido nunca un maratón.
Una marca de 2:20 exige mantener aproximadamente 3:19/km durante 42 kilómetros. Eso supone correr el maratón apenas cuatro segundos por kilómetro más despacio que su reciente media.
Para una debutante, por muy excepcional que sea su fisiología, es una exigencia enorme.
Que Valencia la haya situado en el grupo 2:20-2:29 tampoco significa que ella o la organización estén pronosticando un 2:20. Simplemente necesita un cajón acorde a su nivel para poder desarrollar su carrera.
Un gran VO2max abre la puerta. No corre los 42 kilómetros por ti
El rendimiento en maratón se suele explicar mediante tres grandes componentes fisiológicos: VO2max, fracción de ese VO2 que somos capaces de sostener y economía de carrera.
Johaug parte con una ventaja extraordinaria en el primero y seguramente también en la capacidad de sostener porcentajes elevados durante mucho tiempo.
Pero la economía de carrera es mucho más específica.
Dos deportistas pueden disponer de motores aeróbicos parecidos y necesitar cantidades diferentes de oxígeno para correr a la misma velocidad. Técnica, rigidez musculotendinosa, coordinación neuromuscular y años de adaptación al gesto influyen.
Y después aparece una cuarta variable que en los últimos años recibe cada vez más atención: la durabilidad.
No basta con ser económico en el kilómetro 5.
Hay que seguir siéndolo en el 35.
Ahí empieza lo que el esquí no puede regalarle
El sistema cardiovascular puede viajar bastante bien entre deportes. Los tejidos no siempre lo hacen al mismo ritmo.
Correr durante más de dos horas implica miles de impactos repetidos. Gemelos, sóleos, tendones, fascia, cuádriceps y estructuras óseas reciben una carga mecánica muy distinta a la que generan los esquís.
También cambia la utilización de energía, la gestión de carbohidratos durante más de dos horas, la tolerancia gastrointestinal y el ritmo con el que un error aparentemente pequeño acaba convirtiéndose en un problema enorme veinte kilómetros más tarde.
Ese es probablemente el gran interrogante de Valencia.
No sabemos si Johaug dispone del motor para correr muy rápido.
Eso ya lo sabemos.
Lo que Valencia descubrirá es cuánto tarda el resto del cuerpo en estar a la altura de ese motor.
Beth Potter: de correr unos Juegos a ser campeona mundial de triatlón
El triatlón tiene varios ejemplos especialmente buenos de transferencia entre deportes.
Beth Potter llegó al triatlón después de competir con Gran Bretaña en los 10.000 metros de los Juegos Olímpicos de Río 2016.
Menos de un año después cambió de deporte y se trasladó a Leeds para entrenar triatlón. En 2023 se proclamó campeona del mundo y en París 2024 consiguió dos bronces olímpicos, uno individual y otro en el relevo mixto.
No se convirtió inmediatamente en una gran nadadora ni en una gran ciclista.
Pero llegó con algo extremadamente difícil de fabricar desde cero: un motor de atleta olímpica.
Después hubo que construir alrededor las otras dos disciplinas.
Emma Pallant-Browne: de 1.500 metros a campeona mundial de duatlón
Emma Pallant-Browne ofrece otro ejemplo todavía más claro.
Antes del triatlón fue medallista de bronce mundial júnior de 1.500 metros y campeona europea sub23 de cross.
Las lesiones terminaron empujándola hacia el multideporte.
Después fue dos veces campeona del mundo de duatlón y acabó convirtiéndose en una de las especialistas más consistentes de la media distancia.
Curiosamente, años después de abandonar el atletismo de pista continuó demostrando cuánto quedaba de aquella base: en 2026 ha corrido 10 kilómetros en 32:45.
El deporte cambió.
El motor seguía allí.
Cameron Wurf: remo olímpico, ciclismo profesional y después IRONMAN
Probablemente pocos currículums ilustran mejor esta idea.
Cameron Wurf empezó como remero y representó a Australia en los Juegos Olímpicos de Atenas 2004.
Después se convirtió en ciclista profesional y llegó a disputar carreras del máximo nivel.
Y finalmente apareció en el triatlón.
En 2015 hizo su primer IRONMAN y ganó el grupo 30-34 en Canadá. Dos años después ya competía como profesional. Acabó ganando varias pruebas IRONMAN y en 2019 terminó quinto en Kona con 8:06:41.
El salto parece enorme: remar, pedalear y finalmente completar un IRONMAN entre los mejores del mundo.
Pero las tres disciplinas tienen un denominador común gigantesco: años construyendo capacidad de producir energía aeróbica durante mucho tiempo.
Lucy Charles-Barclay hizo el camino desde el agua
Lucy Charles-Barclay venía del otro extremo.
Fue nadadora de élite, campeona nacional británica de aguas abiertas en categoría juvenil y finalista de las pruebas olímpicas británicas. Cuando empezó a hacer triatlón no tenía experiencia competitiva importante ni corriendo ni montando en bicicleta.
Un año después ya ganaba su grupo de edad en el Mundial IRONMAN.
Terminó convirtiéndose en campeona del mundo IRONMAN 2023 y en una de las grandes referentes de la larga distancia. En Trigloberos ya contamos algunos de los récords que dejó aquella victoria de Charles-Barclay en Kona.
Su caso también demuestra la otra cara de la transferencia.
Su natación fue inmediatamente de nivel mundial.
La bicicleta y especialmente la carrera necesitaron años de construcción específica.
Y Taylor Knibb ha demostrado que el viaje también puede hacerse al revés
Knibb no llegó al triatlón procedente del ciclismo profesional.
Pero en 2024 decidió competir contra las especialistas de contrarreloj de Estados Unidos.
Ganó el Campeonato Nacional élite y consiguió clasificarse para los Juegos Olímpicos de París también como ciclista, donde terminó 19ª en la prueba contrarreloj.
Dos años después acaba de proclamarse campeona mundial IRONMAN en Kona.
Es una demostración casi inversa de la misma idea.
Décadas de especificidad importan, pero cuando el nivel fisiológico de partida es extraordinario, las fronteras entre deportes de resistencia se vuelven bastante menos rígidas.
Hasta un corredor de 3:57 en la milla puede terminar ganando una etapa del Tour
Fuera del triatlón aparece otro ejemplo especialmente curioso.
Michael Woods corría la milla en 3:57.48 siendo adolescente y tenía 3:39 en 1.500 metros. Una sucesión de lesiones terminó prácticamente con su carrera atlética.
La bicicleta empezó como entrenamiento alternativo.
Terminó convirtiéndose en su profesión.
Años después ganó etapas en la Vuelta y en 2023 conquistó una etapa del Tour de Francia terminando en el Puy de Dôme.
No trasladó su técnica de carrera a la bicicleta.
Trasladó una capacidad fisiológica y una cultura de entrenamiento construidas durante años, y después aprendió un deporte nuevo.
Lo que viaja y lo que tienes que volver a aprender
| Puede transferirse bastante | Necesita mucha especificidad |
|---|---|
| Capacidad cardiovascular | Economía del gesto |
| VO2max elevado | Técnica específica |
| Gran volumen aeróbico acumulado | Tolerancia musculoesquelética |
| Capacidad para entrenar muchas horas | Resistencia al impacto corriendo |
| Conocimiento del propio esfuerzo | Habilidades técnicas en bici o agua |
| Pacing y experiencia competitiva | Nutrición específica de cada prueba |
| Disciplina y recuperación | Durabilidad específica |
Eso ayuda también a explicar por qué estas conversiones funcionan mucho mejor en unos casos que en otros.
Pasar de correr a montar en bicicleta puede descargar determinados tejidos pero obliga a aprender técnica, posición, aerodinámica y comportamiento en pelotón.
Pasar de nadar al triatlón permite conservar un sector de nivel extraordinario, pero obliga a construir dos disciplinas prácticamente desde cero.
Pasar del esquí de fondo a correr tiene probablemente más transferencia de la que aparenta porque la carrera ya forma parte habitual de la preparación del esquiador.
Y esto también tiene una pequeña lección para quienes no somos Johaug
No, entrenar mucho en bicicleta no va a convertir automáticamente a un ciclista popular en un corredor de 1:08 en media maratón.
La genética, los años de entrenamiento y el nivel previo importan muchísimo.
Pero sí explica por qué cuando cambiamos temporalmente de disciplina no empezamos necesariamente desde cero.
Un triatleta lesionado que mantiene un gran volumen en bicicleta puede conservar buena parte de su maquinaria cardiovascular. Un corredor puede llegar al ciclismo con un motor mucho mayor que su habilidad técnica. Un nadador puede necesitar meses para aprender a pedalear, pero no para aprender lo que significa entrenar dos veces al día durante años.
La forma física general puede transferirse. El rendimiento específico hay que construirlo.
Valencia no va a medir el VO2max de Johaug
Eso ya sería lo menos interesante.
Lo que hará el próximo 6 de diciembre será someterla durante más de dos horas a algo que el esquí, el 10.000 y la media maratón todavía no han podido comprobar.
La organización la ha colocado en el grupo 2:20-2:29. Una fórmula matemática basada en su media apunta aproximadamente a 2:23. Pero ninguna calculadora sabe cómo responderán sus piernas en el kilómetro 35.
Y ahí está precisamente el experimento.
Johaug ya ha demostrado que un motor desarrollado para dominar el esquí de fondo también puede correr 21 kilómetros a 3:15/km.
Ahora falta descubrir cuánto más lejos puede viajar ese motor antes de que la especificidad empiece a pasar factura.
Valencia nos dará la primera respuesta.











